El espacio cultural EL PATIO de Villa Pueyrredón cierra un 2025 atravesado por desafíos económicos, pero afianzado como uno de los pocos lugares del barrio que sostiene una identidad tanguera viva. Entre clases, noches musicales y proyectos en marcha, el Patio apuesta a reinventarse y profundizar su propuesta en 2026. Entrevista a Ezequiel Robbe, fundador del espacio.
Por Agustina Cavalanti
El Patio nació antes de tener nombre. Nació como una intuición, como una posibilidad. Durante 2019, la vieja casona chorizo de la calle Obispo San Alberto al 2800 comenzó a transformarse: “Se empezó a remodelar, transformar y cambiar la estética de la casa, dándole colores vivos, desde una estirpe que tenía una coloratura cuasi tanguera”, recuerda su creador, Ezequiel Robbe.
La idea de abrir un espacio cultural surgió de una necesidad muy concreta: “Yo trabajaba en espacios culturales muy lejos del barrio y tenía que irme con mi hija a todos lados”, cuenta. “Se me ocurrió tener un espacio cultural, una casa cultural, porque ya tenía la experiencia y las ganas de llevarlo a cabo”.
El 24 de enero de 2020, el Patio abrió su primera noche musical con la presentación de “La Hija de la Peluquera”, proyecto liderado por Germán González. A partir de ahí, llegaron clases de música, talleres y nuevos artistas. Pero en marzo de 2020, mientras colgaban guitarras para una presentación de jazz, todo se detuvo: “Se va a cerrar el país – nos dijo uno que estaba ayudando – viene una pandemia. Parecía ilógico. Y tuvimos que frenar”.
El Patio, como tantos espacios culturales independientes, atravesó la pandemia sin estructura tecnológica previa: “Jamás había dado una clase virtual y si queríamos mantenernos, era desde ahí”. A pesar de todo, siguió adelante con clases online y un sostenimiento a pulmón.
En los años siguientes, el espacio mutó, en parte gracias a la llegada de Sandra Carpineto, trabajadora social y bailarina de tango, quien tomó junto a Ezequiel la coordinación de los eventos. Así la programación cambió y creció: “Los eventos empezaron a hacerse conocidos y tuvieron un impacto fuerte, diversificado en la población”, cuenta el fundador.

Además de música en vivo, artistas, muestras de arte y narración, comenzó a delinearse una identidad propia: la tanguera. El Patio se convirtió en uno de los pocos espacios del barrio donde el tango tiene un lugar central.
“Hoy hay una identidad netamente tanguera, casi sin querer nos metimos de lleno en esa estética”, señala Ezequiel. “La casa chorizo, los colores, los banderines. El tango siempre estuvo espiando de reojo”.
El Patio sostuvo clases de piano, canto, guitarra–ukelele–charango–lenguaje musical y tango. También organizó Noches Musicales: el dúo de guitarras Vamos Conesa (Ezequiel Robbe y Miguel Barci) con los bailarines Marcelo Lavergata y Lucila Bardach; El Puchi y Olga « la morocha»; Diego Troiano y Florencia Navarro; Oscar Guevara y Natalia; y Pilar Rodríguez; junto al cantante invitado Ariel Merlo. Y la participación de artistas como Alfredo Esmok y Charlie Ciravegna. Además, fue parte del Festival de Tango Independiente Urchasdonía, que engloba a cuatro barrios: Urquiza, Parque Chas, Pueyrredón y Agronomía.

Este año estuvo atravesado por dificultades personales y económicas: “Fue un año complejo. La situación económica complica mucho el trabajo independiente. Y más si tiene que ver con la cultura. Hoy seguimos sosteniéndonos por amor, por amor al arte”, enfatiza.
Entre los hitos del 2025 estuvo el cruce entre tango e historia con la visita del profesor Cataldo; la presencia de bailarines como Natacha Poberaj y Julio Dupláa (padrino del espacio); y encuentros donde “la literatura dialogó con el tango”, con la narración de Walter Rago, docente y literato.

“Aprovechamos el patio para recrear una escena bien criolla: las guitarras salen al patio sin amplificación y los bailarines se mueven al son de la música en vivo, como en los antiguos conventillos. Es una forma de recuperar ese tango guitarrero que con el tiempo fue desplazado por las orquestas”, expresa.
Cada fecha, cada ensayo y cada noche en el patio sostuvo la llama en tiempos adversos. Aunque es temprano para delinear el próximo año, el espacio ya proyecta nuevas propuestas: afianzar las clases de tango, posiblemente con una figura reconocida del ambiente. Un taller de literatura y narración, articulado con cine. Un taller sobre las voces en la murga uruguaya. Guitarra aplicada al tango, con docentes de alto nivel artístico. Continuar con las clases particulares y los eventos mensuales.

Además, el sábado 20 de diciembre se realizará el cierre de año en la vereda: “Vamos a tocar con el trío de tango, a la gorra, y va a haber parrilla con bondiola, choripán y pati”. Sobre el futuro, Ezequiel es claro: “La perspectiva es seguir sosteniéndolo como un espacio que levanta la situación del tango a la vieja usanza: recrear el patio de la casa chorizo. Ojalá el 2026 salga mejor que este año, y que El Patio se inserte cada vez más en el barrio”.





