En actos realizados el 18 y el 27 de marzo en el Salón Presidente Perón, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires rindió homenaje al atleta Miguel Sánchez y a la enfermera Irma Laciar, ambos detenidos-desaparecidos durante la última dictadura. Las iniciativas fueron impulsadas por el legislador Andrés La Blunda, quien destacó la importancia de “construir memoria para las nuevas generaciones”.
En el marco de los 50 años del golpe genocida, la Legislatura porteña llevó adelante dos homenajes en días diferentes para recordar a víctimas del terrorismo de Estado vinculadas al deporte y a la salud pública.
El primero se realizó el 18 de marzo, cuando se declaró de interés de la Ciudad el libro “Miguel Sánchez, memoria(s) del primer atleta desaparecido”, del periodista Ricardo Fernández. El segundo tuvo lugar el 27 de marzo, con un reconocimiento a la enfermera y militante Irma Laciar.
Ambos actos fueron encabezados por el legislador Andrés La Blunda, autor de los proyectos, integrante del bloque Fuerza por Buenos Aires y nieto restituido.
Miguel Sánchez: correr, militar y trascender en la memoria colectiva
Durante el homenaje, La Blunda subrayó: “Es muy importante que a cincuenta años de la dictadura genocida el Estado reconozca la figura de Miguel Sánchez, el primer deportista federado desaparecido”. Y agregó: “Tenemos la obligación de construir la memoria para los más jóvenes”.
Participaron del acto Rodrigo Daskal, Ariel Scher, Pablo Llonto y el autor del libro, Ricardo Fernández, quien expresó: “Este libro pretende pasar la posta de la memoria a las nuevas generaciones”.
Miguel Sánchez nació en 1952 en la localidad de Bella Vista, Tucumán, y en su infancia su familia se radico en la provincia de Buenos Aires. Compitió en pruebas destacadas como la San Silvestre y las Fiestas Mayas. Tuvo como entrenador a una leyenda del atletismo nacional: Osvaldo Suarez, quien lo llevó como atleta federado al club Independiente. Desarrolló una intensa actividad social en Berazategui, militando desde una Unidad Básica. Trabajó como administrativo en el Banco Provincia. Fue secuestrado el 8 de nero de 1978 y permanece desaparecido.
Su historia trascendió fronteras y se convirtió en símbolo internacional de memoria y derechos humanos. El primer gran reconocimiento se realizó en Roma, en el año 2000, por iniciativa del periodista italiano Valerio Piccioni, con la creación de “La Corsa di Miguel”, una carrera que reunió inicialmente a 400 participantes y que con el tiempo fue creciendo hasta convocar a atletas de todo el mundo.
Al año siguiente, la iniciativa llegó a la Argentina con la “Carrera de Miguel”, que con el tiempo fue institucionalizada y convertida en ley por la Legislatura porteña (Ley N° 4.495 en 2013), replicándose en distintos puntos del país.
A ese reconocimiento se suma la designación de una calle con su nombre en el barrio de Núñez – en el tramo de la ex Crisólogo Larralde entre Avenida del Libertador y Lugones -, que desemboca en el CeNARD, principal centro deportivo del país.
De este modo, la figura de Miguel Sánchez continúa presente no sólo en la memoria histórica, sino también en el espacio público y en el deporte.
Irma Laciar: salud pública, militancia y compromiso social
El 27 de marzo, la Legislatura homenajeó a Irma Laciar de Carrica, enfermera, docente y militante de derechos humanos, secuestrada el 18 de abril de 1977 en su departamento de Liniers.
En la apertura del acto, La Blunda sostuvo: “Cuando rendimos homenaje a una compañera o un compañero detenido desaparecido recordamos a todos, a los 30.000” y señaló: “Este acto es un granito de arena… es importante hacerlo desde el Estado”.
Participaron familiares, amigos y militantes sociales, entre ellos la diputada Delfina Velázquez. También tomaron la palabra referentes del ámbito de la salud y la militancia.
Marcelo Gorosito, enfermero especializado en salud mental sostuvo que “muchos compañeros y compañeras desaparacidos están invisibilizados desde que se le quitó el rango profesional a la enfermería… En los registros de la CONADEP hay 44 enfermeros y enfermeras desparaecidos”, destacó.
Por su parte, Irma Zidy Medina recordó: “Nos conocimos con Irma en 1973 en la Facultad de Medicina. Ella era docente de Enfermería en el Hospital de Clínicas y fue el motor de una campaña de vacunación ese año y también del armado de dispensario en las villas”.
Giglio Prado, Medico, integrante de la Asociación Latinoamericana de medicina social, sostuvo que “el compromiso de Irma con la salud pública y su convicción de que la salud tiene que ser para todos contrasta con la crueldad actual, donde se ha pasado de matar, como lo hacía la dictadura, a dejar morir”.
Irma Laciar tuvo una extensa trayectoria en el sistema de salud pública. Se formó en la Escuela Superior de Enfermería “Cecilia Grierson” e inicio su carrera el 8 de abril de 1947 como enfermera en el Hospital Central de Río Cuarto. Fue docente, directora de formación en enfermería y militante gremial en la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE).
Durante el homenaje se recordó que como educadora fue docente en 1947 de los cursos de la Escuela de Enfermería creada por Ramón Carrillo y estuvo en la dirección de la Escuela de Auxiliares de Enfermería del Ministerio de Salud Pública de la Nación; y a partir de octubre de 1962 fue instructora en la Escuela Nacional de Salud Pública.
Desde una perspectiva avanzada para su época, impulsó una concepción de la salud como derecho social, vinculada a la educación y a las condiciones de vida de la población. Su militancia incluyó la asistencia a familiares de presos políticos y la búsqueda de personas desaparecidas, actividad que la convirtió en blanco de la represión. Fue secuestrada por un grupo de tareas y desde entonces permanece desaparecida.

