Nacido como Daniel José Díaz, vivió en el Barrio General San Martín. Se formó con leyendas como Ferro y Oswal, y publicó en Skorpio, Barcelona y ¡Suélteme! También fue docente e incursionó en otros formatos, como la televisión. “Tenía una forma de ver las cosas completamente personal y nos hacía cagar de risa todo el tiempo”, recuerdan sus colegas.
Por Juan Manuel Castro
“Un pionero en lo que es el humor absurdo”. Así definen amigos y colegas a Dani The O (1966-2008), el vecino de Villa Pueyrredón que construyó una obra singular dentro del humor gráfico y la historieta, y dejó su marca en publicaciones como Skorpio, Fierro, SexHumor, Humi y Barcelona, además de participar en proyectos editoriales y televisivos. Nacido como Daniel José Díaz, vivió en la zona del Barrio General San Martín. “Él siempre se refería a su barrio con mucho cariño”, recuerdan quienes compartieron sueños, proyectos y aventuras.
Uno de quienes mejor conserva ese recuerdo es Diego Parés, uno de los dibujantes contemporáneos más importantes del humor gráfico argentino y autor de Humor Petiso, que se publica en La Nación. Parés compartió con Dani los años de los fanzines, las publicaciones y las experiencias de una generación que atravesó la escena del humor gráfico argentino durante la década del 90.
“Fueron años locos, de juventud de los 90’s. El ambiente de los fanzines, que tenía a su vez contacto con el ambiente de la Fierro, era de mucha colaboración mutua”, recuerda Parés. Y aclara que, para Dani, ese circuito no era necesariamente un destino: “Creo que el norte de Dani no era el under, sino publicar en revistas, hacer sus laburos de la tele, editar libros, vivir de esto”.
Para Parés, aquella relación excedía el trabajo. “Eran experiencias de vida y de historietas. No éramos solo colegas, sino que también compartíamos buenos momentos de la vida”, señala.
En ese recorrido compartido también aparece Villa Pueyrredón. Parés recuerda haber ido al barrio cuando Dani vivía en los edificios cercanos a la avenida General Paz. “Dimos vueltas en desventuras de juventud. Siempre me hablaba de Carlín Calvo, que vivía por ahí, creo recordar”, cuenta. El vínculo permanece incluso en sus recorridos actuales: “Cada vez que paso con mi familia les cuento que ahí vivía Dani”.
Un recuerdo similar aparece en la memoria de Marcelo Dupleich, artista y director de la escuela de ilustración La Ola, quien conoció a Dani mucho antes de compartir publicaciones y proyectos. “Mi amistad con él empezó en la escuela de Garaycochea, siendo compañeros. Y ahí nomás nos hicimos muy amigos y hasta el día de hoy es una de las personas que yo más quiero y que más extraño físicamente”, cuenta.
Dupleich y Dani se conocieron en 1986 y mantuvieron una amistad durante más de dos décadas. Cuando Marcelo puso en marcha su escuela, en 2006, Dani fue una de las primeras personas a las que convocó. “Lo primero que obviamente hice fue decirle si quería dar el curso de humor gráfico y obviamente aceptó”, recuerda.

Fue, además, uno de los primeros profesores de aquella escuela y uno de los amigos más antiguos de Dupleich dentro del ambiente. “Compartimos un montón de publicaciones, también, pero vivencias, anécdotas, qué sé yo, un montón de cosas”, resume.
Dupleich también recuerda haber ido a buscarlo a Villa Pueyrredón para llevarlo a las actividades de la escuela. “Él siempre se refería a su barrio con mucho cariño”, afirma. Por eso, cuando piensa en el Dani de aquellos años, el barrio también forma parte de sus recuerdos: “Claro que conozco su barrio y que sí, que lo he escuchado hablar de él, más de una vez”.
Ese vínculo con Villa Pueyrredón acompañó una trayectoria artística que había comenzado a muy temprana edad. Daniel José Díaz nació en Buenos Aires el 14 de septiembre de 1966. Durante su adolescencia estudió humor gráfico con Carlos Garaycochea, Goyo Mazzeo y Eduardo Ferro; historieta con Oswal; animación en la Escuela de Cine de Avellaneda, y teatro con Eduardo Calvo, Julián Howard y Norman Briski.
En 1989 comenzó a publicar en Skorpio, donde creó a Humberto Pollo. Después pasó por El Tajo, editada por Ediciones Récord, y por publicaciones como País Caníbal, Fierro, SexHumor y Humi, estas últimas vinculadas a Ediciones de la Urraca, la editorial fundada y dirigida por el célebre editor y dibujante Andrés Cascioli. A lo largo de esos años también desarrolló algunos de los personajes que quedaron asociados a su particular manera de entender el humor. Entre ellos, Peto, el Pato Puto, una de sus creaciones más recordadas, que apareció en la revista Barcelona entre 2004 y 2007.
También participó en El Lápiz Japonés y Comiqueando, donde creó a Amorfi. Durante los años 90 formó parte de distintas experiencias vinculadas al humor gráfico y la historieta. Entre ellas estuvieron Maldita Garcha y, en 1995, la creación de ¡Suélteme!, junto a Diego Parés, Esteban Podeti, Pablo Fayó, Darío Adanti, Emiliano Migliardo y Pablo Sapia. Fueron revistas de culto que reunieron a una generación de autores y funcionaron como espacios de experimentación para un humor que todavía mantiene su vigencia entre lectores, fanáticos y coleccionistas.
Más adelante participó en Kapop! y continuó desarrollando trabajos para distintas publicaciones. En sus últimos años colaboró con Barcelona y volvió a tener una presencia destacada en Comiqueando entre 2005 y 2007.
Para Parés, la característica más importante de Dani como artista estaba en una cualidad difícil de construir deliberadamente: la naturalidad de su estilo.
“Dani tenía algo que no todo el mundo tiene: un estilo que le era natural. No había impostaciones, ni modas, ni intelectualizaciones en lo que hacía”, explica.

El dibujante lo compara con Tabaré, Charles M. Schulz —el creador de Snoopy— y, tal vez, Landrú. “Dani dibujaba así, como si estuviera escribiendo. Era natural. Y a la vez era muy gracioso y tenía una capacidad muy grande de conectar con el lector”, sostiene.
Dupleich pone el acento en otra de las características que, a su entender, explican la permanencia de su obra: el humor absurdo. “Considero que fue un pionero en lo que es el humor absurdo y muchas cosas que se manejan hoy en el humor, sobre todo en el humor gráfico”, afirma.
“Yo siempre sostengo que Dani fue como el papá de todo lo que hoy se considera humor absurdo”, agrega. Para Dupleich, una de las mayores virtudes de su amigo era justamente esa manera personal de observar la realidad: “Tenía una forma de ver las cosas completamente personal y nos hacía cagar de risa todo el tiempo”.
Su trabajo, de todos modos, no quedó limitado al dibujo. También escribió guiones para televisión y participó en distintos ciclos y canales. Según la trayectoria reconstruida por Andrés Accorsi, especialista en historieta y referente de Comiqueando, trabajó en América, Canal 7, ESPN y Jetix, además de participar en Pulgas en el Siete, donde escribió guiones, actuó y puso voz a Pulga Ochoa.
En sus últimos años también se volcó a la ilustración infantil. En 2007 publicó El libro peludo de la Pulga Ochoa y Manual de bolsillo ninja, ambos con Editorial Cacahuate. Además, poco antes de morir, en 2008, escribió Mundo Buñuelo junto a Roberto Cubillas, que fue publicado de manera póstuma en 2012 por Capital Intelectual.
Accorsi reconstruyó buena parte de esa trayectoria en Comiqueando después de su muerte, en un homenaje titulado “¡Dani The O era un genio!”. Allí repasó su formación, sus publicaciones y los distintos personajes que creó a lo largo de su carrera, pero también destacó el vínculo personal que había generado dentro de la historieta argentina. Más que despedir a un humorista y dibujante, escribió sobre la pérdida de un amigo y colega.
Dani The O murió el 29 de marzo de 2008, en Buenos Aires, a los 41 años, luego de sufrir una hemorragia cerebral. Su obra, sin embargo, continuó circulando y fue recuperada por lectores y colegas.
Después de su muerte, el vínculo entre Dani y La Ola tuvo continuidad a través de su amigo y colega Diego Parés, quien enseñó durante un tiempo en el taller de humor gráfico que había dejado Dani. De esa manera, ocupó su lugar y prolongó una experiencia que ambos habían compartido. La escuela de Dupleich quedó así vinculada a dos artistas que habían construido juntos buena parte de una etapa del humor gráfico argentino.
Para Dupleich, que todavía lo recuerda como una de las personas que más quiso y extraña, que se siga hablando de su trabajo es “recontra merecido” y también “un acto de justicia”.
Parés también celebra que la obra de Dani vuelva a ocupar un lugar en la memoria. “Me pone contento, desde ya. Sobre todo, porque es muy difícil que algo se motorice cuando no es uno mismo el que empuja el carro”, explica. Durante varios años, junto con Lucas, el hermano menor de Dani, trabajó en ordenar y escanear parte de su producción con la intención de armar un libro con lo mejor de su obra. “Ojalá se concrete ese proyecto”, expresa.
Entre revistas, personajes, libros, televisión y proyectos compartidos, Dani The O dejó una marca que sus amigos consideran todavía vigente. Pero en el recuerdo de quienes lo conocieron también permanece otra dimensión de su historia: la del vecino que caminaba por Villa Pueyrredón, que hablaba de su barrio con cariño y cuya casa todavía señalan sus amigos cuando pasan por esas calles. Allí, en los alrededores del Barrio General San Martín y cerca de la avenida General Paz, transcurrió una parte fundamental de la vida de uno de los grandes nombres del humor gráfico argentino.

