El endurecimiento político de Jorge Macri: No es ciudad para los blandos

Jorge Macri endurecido
Comedores sociales cerrados, propiedades usurpadas allanadas, personas en situación de calle expulsadas, urbanización de barrios populares paralizada. Avanza la decisión del jefe de gobierno de parecerse lo más posible a lo que la mitad de la ciudadanía porteña premió en las urnas en octubre. ¿La meta? Llegar a 2027 con chances de reelección.

Por Fernando Casasco

2025 no fue el año de Jorge Macri ni del PRO. La contundente derrota en las legislativas de la ciudad de Buenos Aires impulsó al partido amarillo a cerrar una alianza sumamente desventajosa con La Libertad Avanza. Para colmo de males, el jefe de gobierno fue públicamente maltratado por el presidente Javier Milei y retirado de las negociaciones para el acuerdo electoral. El macrismo se sumó a desgano a los festejos libertarios por el triunfo en la Ciudad y en provincia de Buenos Aires, tras haber sumado apenas un puñado de legisladores, muy lejos de sus épocas doradas.

Pero para este año, el jefe de gobierno decidió pasar a la ofensiva. Más allá de algunos anuncios de inversión en materia de transporte, decidió poner la mira en los sectores vulnerables y excluidos, los que pueden ser fácilmente puestos en el lugar de los “culpables” de todos los males, debido a su bajo o nulo nivel de representación política y mediática. Más en un momento en que el ejercicio público de la crueldad está legitimado desde lo más alto de la jerarquía estatal.

Una de las obsesiones de los últimos tiempos del jefe de gobierno es la del desalojo de propiedades usurpadas en la ciudad de Buenos Aires. El Gobierno de la Ciudad lleva incluso durante esta gestión un contador de desalojos que hasta el lunes 9 sumaba 568 operativos. El mandatario dice basarse en la defensa del derecho a la propiedad y el control urbano.

Jorge Macri publicó hace unos días un posteo sobre un reciente desalojo en Palermo: “Dos villas en propiedades usurpadas en pleno Palermo. Esta es la postal de lo peor del conurbano y no vamos a permitir que se instale acá. Demasiada tibieza muchos años”.

Sería una bravata de un político en campaña, sino fuera un contrasentido con su propio pasado. El actual jefe de Gobierno fue durante años intendente de un distrito de ese conurbano al que ahora denigra; y fue ministro de gobierno de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta, al que no duda en descalificar por su “tibieza”. Y si esa tibieza lleva tantos años, debería extenderse a toda la gestión del PRO, que ya lleva 18 años gobernando la Ciudad, incluyendo a la de su primo Mauricio.

Pero más allá de los contrasentidos públicos del jefe de gobierno, lo que se percibe es una fuerte policialización del derecho a la vivienda, algo consagrado por la Constitución de la ciudad de Buenos Aires. Más aún cuando se suman denuncias de irregularidades en los procedimientos al estilo “SWAT”, desalojos ilegales y/o de tipo administrativos.

María Inés Arantonelo denunció que, al igual que varios de sus vecinos, fue desalojada del edificio del que es co-propietaria en Sarmiento y Jean Jaures. “Decir que somos okupas cuando cada una de las personas que estamos acá somos dueñas y tenemos escrituras es realmente indignante”, relató al sitio Canal Abierto. En varios casos los desalojos se deben a casos de “peligros de derrumbe”, no constatados por ningún perito o a interrumpir vías públicas que no están abiertas.

El drama de la vivienda es notorio en la Ciudad y uno de sus epifenómenos es el crecimiento de los barrios populares o villas de emergencia. El Gobierno de la Ciudad había encarado una tímida política de urbanización de varios de esos barrios, pero ahora el alcalde porteño asegura que se trató de “un fracaso” e indicó que se dará marcha atrás con ese proceso iniciado por su antecesor Larreta.

“No voy a regalar más viviendas en las villas”, subrayó Macri en una frase llena de demagogia. La realidad es que, según el Instituto de Vivienda de la Ciudad, no existió la entrega gratuita de viviendas, sino que “se otorgaron con títulos de propiedad y facilidades de pago a través de préstamos o planes de pago”, que podían ir de las 240 a las 360 cuotas, con tasas de interés de 0 a 4%.

Según explicaron las ONG Techo y la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) en un análisis para el sitio Chequeado.com, hubo un importante impacto de las políticas estatales en los barrios populares. En la Villa 20, las conexiones formales a la red de agua potable llegaban al 56% y de cloacas al 44% en 2023 (en 2016 eran 0); mientras que, en el Playón de Chacarita, el 91% de las familias estaban conectadas a la red de agua y el 70% a la red cloacal.

Macri también dijo que ese esfuerzo del Estado para subvencionar a los sectores más empobrecidos resultó en que “hay una injusticia en la clase media que como es silenciosa, educada, no se queja y no marcha, se la bancó”.

Es un dato innegable que siguen faltando políticas para el acceso a la vivienda de los sectores medios, a los cuales los alquileres les comen una mayor parte de sus diezmados salarios. Pero no parece que el Gobierno de la Ciudad vaya a tener la respuesta en lo inmediato: según ACIJ, en el presupuesto 2026 los fondos destinados a políticas de vivienda equivalen apenas al 0,9% del total de la Ciudad, lo que representa una caída real del 22,9% respecto a 2025. Y representa el punto más bajo en los últimos 14 años.

Al parecer toda la política de créditos pasará por las manos del Banco Ciudad, institución que deberá poner en práctica la declamada solidaridad del acaudalado jefe de gobierno con la clase media.

Otro punto no menor en el nuevo perfil de duro que está mostrando el primo de Mauricio es el que tiene que ver con la asistencia social, en un modus operandi que lo acerca a las políticas del gobierno nacional.

El titular del gobierno local se ufanó recientemente del control a los comedores sociales, tras una auditoría que demostró varias irregularidades. Entre ellas, el Gobierno de la Ciudad destacó la existencia de 454 personas fallecidas en el padrón del sistema de cobertura alimentaria, además de otras personas con varias propiedades o ingresos superiores a los mínimos. Es por esta razón que el Ejecutivo dictaminó el cierre de 40 comedores “fantasma” (de un total de 500) y la suspensión de 5000 raciones alimentarias.

El jefe de gobierno aprovechó la oportunidad para hacer un uso partidario de la información, denostar a un connotado dirigente opositor y de paso ganarse un espacio en los medios más anti-kirchneristas.

“Comedores fantasma y muertos anotados como beneficiarios. El negocio de la pobreza tiene nombre y apellido: Juan Grabois”, escribió en su cuenta X, en la que agregó que había una “denuncia en curso”. El diputado de Fuerza Patria no tardó ni un día en contestar que se trataba de una “denuncia trucha”.

“Ninguno de los comedores que menciona en su denuncia como ‘fantasmas’ ni ninguno de los listados de beneficiarios a los que hace referencia tiene relación alguna ni conmigo, ni con Patria Grande – el partido que presido – ni con el Movimiento de Trabajadores Excluidos”, detalló el dirigente social en una intimación formal al Jefe de Gobierno. La polémica continuará.

Lo que queda claro en la nueva estrategia del menor de los Macri es su cambio de enfoque respecto al posicionamiento político de cara a 2027. Tras los triunfos electorales de La Libertad Avanza en mayo y octubre, no queda espacio para distintos matices desde el centro hacia la derecha del espectro partidario, o para diferenciar la discusión de los temas locales y los nacionales.

Una gran parte de la sociedad porteña legitimó con su voto el accionar del gobierno de Javier Milei y dejó descolocado al PRO, que, si bien concuerda con el fondo de las políticas del mandatario, intentó distanciarse en las formas.

Desde el lado de LLA, con la convicción del que se sabe ganador, no piensan en el PRO más que como aliado coyuntural en lo legislativo y en algunos escenarios electorales puntuales. Pero ya no incluyen entre estos últimos el caso de Ciudad de Buenos Aires: para 2027 en la Casa Rosada aumenta la convicción de presentar candidato/a propio/a para la elección a jefe de Gobierno. El nombre saldrá de los dos que consiguieron sendos triunfos el año pasado: Manuel Adorni (el preferido de Karina Milei) y la inoxidable Patricia Bullrich.

El mileísmo se ve gobernando la ciudad en dos años. Jorge Macri espera poder resistir el envión libertario y reelegir, aunque para ello deba ponerse la ropa que más les gusta a los más duros entre los duros. El tiempo dirá si le alcanza con eso.

Historias barriales
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