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Isla de la Paternal: de Rivadavia a Larreta

Isla de la Paternal
Logo El Barrio PueyrredónOnce torres y ninguna flor. El Sábado 27 de febrero abrazo lumínico a la Isla de la Paternal. Una historia que empezó en 1826, con la ley de enfiteusis de Bernardino Rivadavia, expropiación en 1951, un hospital que no fue, un edificio abandonado-ocupado por familias de una villa incendiada en Saavedra, juicio por su restitución, convenio De la Rúa-Carrefour-herederos de Etchevarne, y por último una ley de Rodríguez Larreta.

Por Ignacio Di Toma Mues

“Si al Parque No a las torres, Si al Pulmón Verde de Agronomía y La Paternal” es la convocatoria para el sábado 27 de febrero a partir de las 17.30 horas en Av. Chorroarín, entre Zabala y Av. de los Constituyentes, en la Isla de la Paternal. Los organizadores anuncian talleres, exposición de asambleas, proyecciones fílmicas y como cierre, un abrazo lumínico y una recorrida por todo el parque con celulares, linternas “o cualquier otra fuente lumínica”.

Abrazo a la isla de la Paternal

“Queremos preservar el pulmón verde que existe en el centro de la ciudad, para que no empeore la calidad de vida de todos los habitantes de la ciudad de Buenos Aires” expresan. Estarán participando otras asambleas barriales, que tienen la misma problemática, de Caballito, Parque Chacabuco, Colegiales, y de Almagro y Balvanera.

Los predios donde se van a construir las once torres de 16 pisos, los terrenos donde está instalado un hipermercado y el parque de la Isla de la Paternal, donde también se construyó una escuela media y un jardín de infantes, fue de propiedad de la familia Echevarne hasta la expropiación en 1951 para la construcción de un hospital de niños. Iba a ser el más grande de Latinoamérica.

Al momento de la expropiación el lugar “era una chacra abandonada, sus dueños no pagaban los impuestos y eran manzanas que estaban totalmente abandonadas, dónde solo se amontonaban yuyos, animales y basura” explican en el portal buenosaireshistoria.org.

De Rivadavia a Rodríguez Larreta

Es muy dudosa la forma en que Miguel Echevarne accedió a estas tierras. El relato que haremos a continuación genera muchos interrogantes sobre la forma en que se convirtió en su propietario.

Según la historia oficial en 1826 le compró al Estado, en tiempos de Bernardino Rivadavia, 40 hectáreas lindantes a la Chacarita de los Jesuitas, entre los entonces poblados de Flores y Belgrano.

Sin embargo las tierras públicas estaban inmovilizadas, sirviendo como garantía del endeudamiento público. Primero, en abril de 1822, a través de un decreto, y luego por la Ley de Enfiteusis en 1826, se prohibía que se extendiera títulos de propiedad a favor de un particular. Esta legislación entregaba en concesión las tierras durante 20 años, renovables a perpetuidad y se debía pagar un arrendamiento o canón.

“No obstante haberse creado, precedido de largos considerandos, el Departamento Topográfico y Estadístico que llevaría el Gran Libro de la Propiedad Pública en reemplazo de la comisión de tierras provincial, no se encontró tiempo para tasar las concesiones y menos cobrarlas” señala el historiador José María Rosa (1)

“Cuando la administración rosista modifica su política de tierras públicas agobiada por la necesidad de amortizar la deuda, los derechos derivados de estas gracias y, sobre todo, de la antigüedad de arrendamiento de estos pobladores fueron reconocidos” explica la académica María Valeria Ciliberto, en un trabajo publica en CONICET Digital.

Y detalla que: “Dado el contexto de uniformización de identidades políticas y de demonización de los opositores a la causa federal en el que se efectúan estas transferencias, estos arrendatarios devenidos propietarios tienen en común el ser federales”.

Ciliberto cuenta que en 1862 el Poder Ejecutivo, a cargo de Bartolomé Mitre, “declaró válidos los títulos de compra presentados al considerar que las enajenaciones estaban comprendidas en la ley de 1836, guardaban el precio legal establecido y afectaban tierras dadas en enfiteusis o baldías”.

El predio fue conocido como la quinta del “Vasco”. Con el paso del tiempo, a principios del siglo XX, se convirtió en una fábrica de montaje de aviones, la primera en estas tierras del Río de La Plata y sudamericanas. El gestor del emprendimiento fue un militar francés Julio Desobry, cuñado de un Echevarne.

“Se construyeron galpones y surgió una fábrica de montaje de aviones, la primera en estas tierras del Río de La Plata y sudamericanas. Se armaron monoplanos, con la mecánica y motores que llegaban de Francia, y la carpintería era realizada por un carpintero argentino de apellido Caballo, la tela que los forrabas eran cocidas a máquina, entre otras costureras por Adela Viola de Etchevarne” cuenta Juan Carlos Maucor (2)

En 1914 la fábrica de mudo se de La Paternal a Villa Lugano, y el predio se convirtió en sembradío forrajero, donde pastaban vacas, caballos, ovejas y cabras. “Fue tambo y partida de lechero con ordeño a domicilio. También se atendían y hospedaban caballos de carros de sifoneros, panaderos y de fúnebreros. Hubo horno de ladrillos y se vendían panes de gramilla” señala Maucor.

Al momento de la expropiación, en 1951, se encontraba en estado de abandono. “Sus dueños no pagaban los impuestos – explica Maucor – y eran manzanas que estaban totalmente abandonadas, dónde solo se amontonaban yuyos, animales y basura”.

Fusiladora, juicios y demolición

En el año 1957, tras el golpe del ‘55, el dictador Aramburu le transfiere el predio a la Municipalidad. En paralelo comienza el litigio judicial de los herederos de la familia Etchevarne para la devolución de las tierras.

En el año 1975 la Corte Suprema de Justicia de la Nación ordenó la restitución del predio a sus antiguos dueños. Mientras tanto el litigio continuó, por un lado por la restitución del predio, y por otro, en el fueron civil y comercial federal, por los daños y perjuicios ocasionados por la no restitución del bien.

Ambos tuvieron sentencias firmes a favor de los herederos de Etchevarne en 1982. Por su parte la Municipalidad de Buenos Aires pretendía la devolución de lo abonado por la expropiación. El edificio del futuro hospital de niños, aún sin terminar, abandonado, se había convertido en el “albergue Warnes”, una postal de la decadencia social argentina.

Lo habitaban más de 600 familias, en su mayoría provenientes de una villa de emergencia que se había incendiado en el barrio de Saavedra. Durante la gestión del Intendente Carlos Grosso, en 1990, las familias fueron trasladadas al Barrio Ramón Carrillo en Villa Soldati.

Finalmente en 1991 se procedió a su demolición, y se dispuso la entrega del predio, pero los herederos solicitan el pago de una indemnización de 25 millones de dólares.

De la Rúa y Rodríguez Larreta, convenios y torres

En 1995, Carrefour ofreció pagar la deuda del Gobierno de la Ciudad con la familia Echevarne a cambio de la titularidad del terreno y el compromiso de construir un parque, una escuela y una obra vial, dentro de un proyecto comercial. El trato incluía que el gobierno porteño desistiera de reclamar el monto adelantado por la expropiación

El primer Jefe de Gobierno de la Ciudad, Fernando De la Rua, para concluir esta situación, firmó sendos convenios en junio de 1997. Uno de ellos con los herederos – que ya tenían un comprador, Carrefour – para formalizar los términos de la restitución del predio de 19 hectáreas. En este acuerdo se establecieron las compensaciones que incluyeron la rezonificación y la cesión a la Ciudad de 7,5 hectáreas para la creación de un parque.

La zonificación denominada U26 Barrio Parque, dividió al predio en cuatro sectores: Urbanización Parque (7,5 hectáreas, que pasaron al dominio público); Área Residencial (2,2 hectáreas); Área Comercial (9,5 hectáreas) y Área Equipamiento Educativo (0,3 hectáreas). En el área residencial se autorizó la construcción de 11 edificios de 16 pisos (48,5 metros de altura), y nada más.

En 2018, una ley enviada a la Legislatura por el Jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, amplía las autorizaciones de la zona residencial y permite la construcción de geriátricos, oficinas comerciales y alojamientos turísticos, y habilita basamentos para la construcción de comercios minoristas, gimnasios, casas de fiesta, servicios públicos, establecimientos de sanidad, jardines maternales, y locales de esparcimiento (cines, teatro, etc).

Puerta de Agronomía

La empresa SADIA anuncia en su sitio web el proyecto “Puertas de Agronomía”, que consta de once edificios de 16 pisos, con más de dos mil departamentos. Cuatro de las torres estarán ubicados paralelas a las vías del Ferrocarril Urquiza y la Av. de los Constituyentes, y las restantes sobre la calle Zabala, entre Chorroarín y de los Constituyentes. Además de alrededor de mil cocheras subterráneas.

Un parque, una necesidad vital

Como corolario de esta nota recordemos al higienista Guillermo Rawson, que allá por el año 1874, soñó con un Gran Parque del Oeste. Señaló en ese entonces: “un parque es, no digo conveniente, es una necesidad vital (…) para salvar de las epidemias y de la mortalidad excesiva a esta población destinada a ser tan extensa en el porvenir”. Y el provenir trajo la pandemia del virus Sars-Cov-2, y la necesidad de espacios al aire libre para la recreación y el encuentro social, hoy escasos en la ciudad.

Este parque incluía las tierras del ex Albergue Warnes, del cementerio de la Chacarita, de las facultades de Agronomía y Veterinaria, del hospitales Alvear y el Tornú, de los Clubes Arquitectura y Comunicaciones, del Instituto de Oncología Ángel H. Roffo, entre otros inmuebles.


(1) Historia Argentina, Tomo IV de José María Rosa
(2) https://buenosaireshistoria.org/juntas/el-albergue-warnes/