A 50 años del golpe, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires desplegó una Semana de la Memoria con testimonios, cultura y debate. De la mano de referentes como el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, las actividades pusieron el foco en el desafío de sostener la memoria como una práctica colectiva.
Por Agustina Cavalanti
“Se cumplen cincuenta años del golpe militar, el que nos cambió la vida a todos y todas”, se escuchó la voz de Adolfo Pérez Esquivel, en la Carpa de Cultura de la Feria del Productor al Consumidor de la Facultad de Agronomía. Una intervención atravesada por la memoria y la urgencia del presente.
Minutos antes, el espacio había sido ocupado por vecinos y vecinas, estudiantes, docentes y visitantes de la feria. Algunos/as se acercaron especialmente para escucharlo; otros, que recorrían los puestos, se quedaron.
“Siempre hablamos únicamente de la Argentina. Cuidado, esto fue un golpe continental”, dijo. “Los derechos humanos y la democracia son valores indivisibles. Si violan los derechos humanos, las democracias se debilitan y dejan de ser democracias”, sumó.
En ese recorrido, introdujo una de las ideas que marcó su discurso: la necesidad de transmitir una actitud crítica y activa. “Debemos tener la rebeldía de la conciencia. Si no tenemos la rebeldía de la conciencia, no podemos cambiar nada. Sean rebeldes. No se queden quietos, porque el día que no somos rebeldes, nos dominan y vamos a ser esclavos de un sistema”.
A lo largo de su intervención, Pérez Esquivel articuló memoria y economía. Advirtió que el modelo impuesto durante la dictadura no quedó en el pasado: “Ese proyecto sigue hasta el día de hoy. No es que terminó en el 83 y recobramos la democracia. Cuidado con esto. Estamos en lucha”.
“Hoy hay hambre en Argentina. Siendo un país productor de alimentos, hay hambre. Eso está violando los derechos humanos”, se lamentó. En ese sentido, propuso una salida colectiva: “¿Qué hacemos? ¿angustiarnos? No. Tenemos que hablar de la resistencia. Hay mucha resistencia. Hay esperanza”. Y agregó: “El pueblo debe ser protagonista y no espectador”.
Un acto institucional atravesado por la historia y el presente
Como cada 24 de marzo, la Facultad realizó el acto por la Memoria, la Verdad y la Justicia, que reunió a docentes, no docentes, estudiantes y familiares de detenidos-desaparecidos, en el Bosque de la Memoria ubicado en el predio.
Allí, la decana Adriana Rodríguez recordó que el 24 de marzo de 1976 “se instalaba en nuestro país la última dictadura cívico-militar, una página horrenda, sangrienta, que nos atravesó a todos”. Y subrayó la gravedad del terrorismo de Estado: “Esa dictadura abolió el Estado de Derecho en nuestro país, eliminó derechos básicos y lo más grave, derechos tan básicos como a la vida y a la identidad”.
En su intervención, también puso el foco en los desafíos actuales: “La democracia no es solamente ir a votar. La democracia tiene que dar respuesta a la gente”. Y planteó una pregunta que atravesó toda la semana: “¿Cómo seguimos trabajando por la memoria, la verdad y la justicia con las nuevas generaciones?”.
En esta línea, las voces estudiantiles aportaron una mirada clave. Representantes de la Escuela Agropecuaria insistieron: “No nos tomamos esta fecha como una efeméride. El 24 de marzo es un día que nos interpela”.
“La dictadura no fue sólo un período de gobierno autoritario, fue un proyecto político, económico y social que utilizó el terror como herramienta”.
“A 50 años, sostener la memoria no es sólo recordar lo que pasó, sino entender por qué y para qué”. “El olvido no es neutral. El olvido habilita la repetición”.
El compromiso institucional también se expresó en las palabras de autoridades como Alejo Pérez Carrera, decano de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la UBA, quien destacó el valor de la memoria como punto de encuentro: “Esto es central y es una de las cosas que nos convocan y nos unen como sociedad”.
La participación de familiares de detenidos-desaparecidos aportó uno de los momentos más emotivos de la semana. Paula Logares, primera nieta recuperada, destacó el carácter colectivo de la memoria: “Esto también es generar identidad, pero no una memoria quieta, sino activa”. Y valoró el entramado que se construye en estos espacios: “Es hermoso ver cómo se va formando ese entramado social”.
Por su parte, Dafne Casoy, hija de quien dirigía el Centro de Estudiantes durante la dictadura y fue detenido-desaparecido, puso el foco en las formas de organización actuales: “La salida pasa más por los márgenes, por los espacios más comunitarios”. Y compartió una reflexión personal: “Cuando veo que está todo negro, es juntándome con personas que están haciendo cosas que uno valora donde vuelve la energía”.
La Semana de la Memoria incluyó además un Festival de la Memoria y un torneo de fútbol “Democracia y Memoria”, iniciativas que ampliaron las formas de participación.
A 50 años del golpe más sangriento de la Argentina, la FAUBA continúa abriendo espacios para que la comunidad educativa y el barrio sigan construyendo memoria colectiva.

