Tablero cambiado

Por primera vez desde 2007, el PRO vio crecer en la ciudad de Buenos Aires una fuerza política que le arrebató gran parte de su electorado. A tal punto, que tuvo que conceder aliarse en posición subalterna para no desaparecer. La Libertad Avanza sueña ahora con quedarse con la Capital en 2027. El peronismo, relegado pero expectante.

Por Fernando Casasco

Sobre el fin del 2024, el jefe de gobierno Jorge Macri tomó una de las menos acertadas decisiones de su breve gestión: adelantó los comicios legislativos de la ciudad de Buenos Aires para el mes de mayo, al desdoblarlos de las elecciones nacionales. Lo que en ese momento se presentó como una posibilidad para “debatir los temas de los porteños”, era en realidad un intento estratégico del PRO de no quedar subsumido ante la gran potencia que mostraba en el espectro de derecha el gobierno de Javier Milei. Salió mal.

El gobierno nacional fue el primero en recriminarle la decisión al primo de Mauricio Macri. Sostenían que era un gasto innecesario y que ponía en riesgo las conversaciones entre el PRO y La Libertad Avanza para avanzar en acuerdos electorales a nivel nacional. Desde la Casa Rosada se dinamitó toda negociación y se puso proa a la posibilidad de presentar una lista propia en la Capital Federal, conocedores de que contaban con el apoyo de gran parte del electorado porteño.

El brazo férreo en lo partidario que exhibió la hermana del Presidente, Karina Milei, se hizo notar desde comienzos del 2025. Marginó a Ramiro Marra del partido por sus supuestos contubernios con el oficialismo porteño, al tiempo que empoderó a la legisladora Pilar Ramírez en el armado político de LLA. Más allá de esta jugada, se reservó la lapicera para ubicar al tope de la lista al vocero presidencial Manuel Adorni, hombre de su extrema confianza.

La elección de Adorni no sólo demostraba el triunfo del ala “karinista” del gobierno, sino la necesidad de la Rosada de nacionalizar la elección para legisladores porteños. Esa decisión descolocó a la mayoría de sus rivales.

El PRO, para colmo, pasó por verdaderas penurias para elegir a su cabeza de lista: descartados por distintos motivos María Eugenia Vidal y Fernán Quirós, la ungida terminó siendo Silvia Lospennato. La diputada acabó siendo la cara del fracaso del proyecto de “Ficha limpia” pocos días antes de los comicios.

Del lado del peronismo también se intentó “municipalizar” (sin éxito) la elección. Leandro Santoro encabezó la lista “Es ahora Buenos Aires”, de un inédito color verde, pero que tampoco alcanzó para instalar una discusión que pasara exclusivamente por la agenda de los problemas de la Ciudad: salud, educación, transporte, vivienda, etc.

Pese al estallido del caso de la criptomoneda Libra en marzo, el gobierno supo capear el temporal y apoyarse en su gran (y hasta el momento único) logro económico: bajar la inflación, la principal preocupación de los argentinos y de los porteños, desde hace unos años.

Con el apoyo total del Presidente y sus ministros, Adorni logró un triunfo módico, pero triunfo al fin en los comicios porteños de mayo. Obtuvo el 30% de los sufragios y 11 escaños, superando por 3 puntos a Santoro (10 bancas), con una participación total que apenas alcanzó al 53% del padrón. Mientras que Lospennato y el PRO mostraron su pesar, tras haber quedado relegados al tercer puesto (sólo 5 bancas); el que festejó su reingreso a la política local fue Horacio Rodríguez Larreta, que obtuvo 3 legisladores con su “Volvamos Buenos Aires”.

De esta manera, el mapa de la Legislatura quedó confirmado con la primera minoría para Unión por la Patria, con 20 legisladores. Luego la siguen en orden decreciente La Libertad Avanza con 13, el PRO con 11, la Unión Cívica Radical con 5, el bloque de Larreta con 3. Otras fuerzas con representación son Confianza Púbica, el MID y el FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores), con 2 legisladores cada uno, mientras Compromiso Liberal Republicano y Transformación quedan como monobloques.

El resultado no pudo haber sido peor para el macrismo. Al jefe de gobierno le quedan dos años por delante en los que deberá negociar con distintas bancadas cada uno de los proyectos que ponga a discusión.

En lo político para el PRO fue el punto más bajo de su trayectoria porteña y la certeza de que debía aceptar las condiciones que la Casa Rosada le impusiera para una alianza de cara a las elecciones de octubre.

Para colmo de males, Javier Milei puso una restricción explícita en la negociación para el armado electoral: que Jorge Macri quedase apartado de las decisiones. El Presidente le achacaba al alcalde la contratación para la campaña del consultor que asesoró a Sergio Massa en las elecciones de 2023 y a quién Milei responsabilizaba por una supuesta “campaña sucia” en su contra.

A todo eso y mucho más tuvo que atenerse el PRO, mientras el oficialismo sumaba derrotas en el Congreso, con el rechazo a los vetos a leyes críticas; y derrotas en comicios provinciales, la más importante de ellas acaecida en la provincia de Buenos Aires, donde el peronismo venció a la alianza de derecha por más de 13 puntos.

El momento del gobierno nacional parecía el peor: denuncias de corrupción en torno a la hermana del Presidente por supuestas coimas; la renuncia de su primer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires por haber recibido aportes de un sospechoso de narcotráfico; y las posibilidades de que el programa económico haga agua, lo que debió ser subsanado por un salvataje del Tesoro de los Estados Unidos. Todo ello suponía malos pronósticos para las chances del oficialismo en las elecciones de octubre.

Sin embargo, Javier Milei se puso la campaña al hombro, sorprendió a todos y se alzó con un importante triunfo en las legislativas nacionales. Ganando con amplitud en Córdoba, Santa Fe, Ciudad de Buenos Aires y apenas por menos de un punto en la provincia de Buenos Aires, logró una gran cosecha de diputados y senadores, muy por encima de la expectativa de los meses previos, aún en un clima de apatía y baja en la concurrencia electoral. El temor a una crisis mayor y las escasas luces de una oposición desorientada y con Cristina Fernández de Kirchner proscripta y detenida, hicieron la diferencia a favor del gobierno.

En la Ciudad de Buenos Aires, Patricia Bullrich como candidata a senadora de LLA obtuvo más del 50% de los votos, mientras que Mariano Recalde, de Fuerza Patria, obtuvo la banca por la minoría, con un importante 30%.

En total, la alianza entre el mileísmo y el macrismo se llevó siete diputados, el peronismo cuatro, Myriam Bregman consiguió la banca para el FIT y Martín Lousteau solo sumó un escaño para Ciudadanos Unidos. Así el radicalismo, otrora el gran partido de la clase media en la ciudad de Buenos Aires quedó reducido a su mínima expresión. Todo un mensaje para cualquier fuerza política que se crea hegemónica.

En total, los representantes de la Ciudad en la Cámara de Diputados quedaron divididos con ocho para La Libertad Avanza, ocho para Unión por la Patria, cuatro para el PRO, dos para Provincias Unidas, y uno cada uno para el MID, la Coalición Cívica y el FIT.

En lo que viene para el futuro, el PRO deberá recomponer su imagen si quiere intentar buscar otro periodo al frente de la Ciudad. Jorge Macri se tiene fe: inició un plan de obras públicas, lanzó nuevas campañas publicitando a Buenos Aires y recompuso su relación con la Casa Rosada.

Hay un punto en particular que desvela al jefe de gobierno y lo lleva a colisionar con la motosierra de Milei: el reclamo por la coparticipación adeudada, la que se agravó en los últimos meses con el retaceo de fondos de parte de la cartera comandada por Luis “Toto” Caputo. El nuevo ministro del Interior, Diego Santilli, busca oficiar de nexo y acercar posiciones. ¿Lo logrará?

Por su parte, La Libertad Avanza ambiciona no sólo la reelección presidencial de Milei, sino también quedarse con los distritos más importantes en 2027. Entre ellos, el que aparece como más factible es justamente la Capital Federal, tras los resultados recientes.

Lo que todavía no queda tan claro es quién será el o la candidato/a para esa batalla. Bullrich ya aparece anotada de antemano, mientras que Adorni, ascendido ahora a jefe de gabinete, sin pasar ni un minuto por la Legislatura, repite hasta el hartazgo que hará lo que le pida el Presidente.

En el juego de mezquindades de la política habrá que ver cuánto pesan las distintas aspiraciones en la siempre sinuosa relación entre Milei y los Macri.

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