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Corriéndose a la derecha

Spert y Milei
La agenda mediática parece marcarle la cancha al gobierno y a la oposición: cuanto más en el extremo derecho del espectro político se encuentre el postulado de un dirigente, más repercusión obtendrá. La amenaza “libertaria” se cierne sobre Juntos por el Cambio.

Por Fernando Casasco

La política nacional parece hoy no tener grises. Desde la oposición y los grandes medios de comunicación se recibe cualquier intento de reforma que venga del gobierno nacional, por pequeño que parezca, como un ataque deliberado contra las empresas, el agro, la industria, la clase media, etc., según sea el tema invocado. Por caso, dos ejemplos recientes: el rechazo que suscitaron el aumento de dos puntos a las retenciones a los derivados de la soja (para evitar un aumento de la harina y el pan) y la oposición al anuncio de la futura elaboración de un proyecto para gravar las ganancias inesperadas que genera el conflicto en Ucrania.

La prédica contra las subas de impuestos (afecten o no a la clase media), así como el reclamo de “mano dura” contra el delito y de “poner orden” en la calle, sobre todo en la circulación que se ve afectada por las manifestaciones de organizaciones sociales, se escucha cada vez más fuerte. Esta proviene no solamente del macrismo, sino – principalmente – de los autodenominados “libertarios”, que, de la mano de figuras como Javier Milei o José Luis Espert, con su prédica antipolítica, se tornan atractivas para amplios sectores de la población.

Recientes encuestas confirman que cuatro de cada diez votantes de Juntos por el Cambio en 2021 podrían cambiar su voto en las elecciones presidenciales del año próximo, y la mayoría de ellos elegiría a una opción “libertaria”. Mientras tanto, la imagen de Milei sube en los sondeos en el Gran Buenos Aires, sobre todo en los distritos donde mejor le va al macrismo.

Este fenómeno no es local, sino que se enraíza en el ascenso de la derecha a nivel global. Sube de tono gracias a las discusiones y postulados altisonantes en redes sociales, allí donde decir la barbaridad más alejada de toda lógica de la vida en sociedad no solo permanece impune, sino que es premiada con la mayor cantidad de “retweets” y “likes”.

En una Argentina con una crisis que no han podido mitigar las principales fuerzas políticas, la tendencia crece exponencialmente. Así se leen o escuchan propuestas que en otro momento eran impensables como la de eliminar el Ministerio de Educación, el cierre del Banco Central, la reinstauración del Servicio Militar Obligatorio o el voto calificado para que no emitan sufragio quienes perciban planes sociales. Todo es posible.

Esta tendencia tensiona especialmente a la principal fuerza de oposición, Juntos por el Cambio. Es que ante la posibilidad de perder votos “por derecha” en las presidenciales del año próximo, los discursos giran cada vez más seguido hacia ese lado del espectro político.

Tratando de empatizar con esa corriente de pensamiento, recientemente el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta reclamó la quita de los planes sociales a los piqueteros que concurran con niños y niñas en edad escolar a las manifestaciones. “Los planes sociales tienen como condicionalidad que los chicos vayan a la escuela; hagan cumplir la ley y saquen los planes sociales a esa gente y así no van a venir más”, afirmó en un duro tono el mandatario porteño.

Las palabras de Larreta son confusas adrede. La condicionalidad de cursar los estudios primarios y de completar los controles médicos está contemplada en la Asignación Universal por Hijo, no para planes relacionados con la actividad de cooperativas y comedores sociales.

La AUH se paga de modo automático a quien reúna las condiciones y no tiene relación con los reclamos que le hacen actualmente los integrantes de Unidad Piquetera (formada fundamentalmente por organizaciones de izquierda, como el Polo Obrero) al gobierno nacional.

El intento de confundir no queda ahí: el ministro de gobierno de la Ciudad, Jorge Macri, habló de desarmar “el sistema de planes montado por el kirchnerismo”. Hagamos historia: el programa de Jefes y Jefas de Hogar nace durante el gobierno de Eduardo Duhalde, a partir de la crisis económica más devastadora que azotó a la Argentina, con más de un cuarto de la población activa desocupada.

A partir de ahí se hicieron varias reformas: al dejar el gobierno Cristina Fernández de Kirchner en 2015 los planes “Argentina Trabaja” y “Ellas hacen” contaban con algo más de 200 mil beneficiarios. Durante el gobierno de Mauricio Macri ambos programas se unificaron en “Hacemos futuro” y aumentaron a más de 247 mil beneficiarios, según cifras de 2018. A ellos hay que sumarles quienes cobraban Salario Social Complementario, casi 270 mil personas.

Desde el sector de Milei tildan de oportunistas a las expresiones de Rodríguez Larreta. El jefe del bloque de legisladores de la Libertad Avanza, Ramiro Marra, acusó al gobierno porteño de financiar a “miles de cooperativas y organizaciones que cometen el delito de cortar las calles”.

El diputado, fundador del Movimiento Antipiquetero Argentino, presentó un proyecto que establece que aquellas organizaciones sociales que lleven a menores de 16 años a sus cortes de calle o acampes, se les deberán quitar los subsidios y/o cualquier beneficio económico por parte del Gobierno de la Ciudad.

Las críticas de Milei a la “casta política” pegan por debajo de la línea de flotación a Rodríguez Larreta, alguien que ocupa cargos en la función pública desde casi 30 años en forma ininterrumpida. Por eso el jefe de gobierno mantiene su postura de no ingresar en polémicas con ese sector y sólo pelearse con el gobierno nacional, a quien también cuestiona por iniciativas como la de las ganancias inesperadas o el revalúo inmobiliario.

Pero por debajo, sus funcionarios y dirigentes de su fuerza, se animan al combate a los “libertarios”. El vicepresidente primero de la Legislatura, Emmanuel Ferrario, sostuvo que “Milei es un gran revendedor de populismo” y lo acusó de “aplicar un manual que se aplicó en 30 países, como Trump, Bolsonaro, Orban”.

La referencia del larretismo a Trump es curiosa: recientemente el ex presidente Macri se mostró junto al ex mandatario norteamericano, de quien siempre se manifestó amigo, en uno de sus habituales viajes al país del norte.

Este alineamiento con la derecha republicana es cuestionado dentro de la alianza opositora por Elisa Carrió, quien salió de su ostracismo interno para criticar a su “marido” político, como ella misma lo calificó. Tal vez hubiera convenido esa dureza cuando el gobierno de su “cónyuge” – gracias a los oficios de la administración Trump – contrajo una deuda de 45 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional, el mayor préstamo otorgado en la historia del organismo.

La polémica por el lugar que ocupan Milei y su fuerza política llegó hasta la conducción de Juntos por el Cambio. Allí fueron el propio Larreta, el radical Gerardo Morales y la Coalición Cívica quienes bloquearon cualquier posibilidad de acuerdo con los “libertarios”, pese a que el sector del PRO que responde al ex presidente Macri y a Patricia Bullrich lo ve aún como una alianza posible. El propio Milei subrayó en varias oportunidades que podría aliarse con los “halcones” – encabezados por Bullrich y Pichetto -, pero no con la UCR.

Rodríguez Larreta llama a la unidad, pero suma gestos: por un lado, cultiva su relación con la UCR, sobre todo con el sector de su ex rival Martín Lousteau. Por otro, sumó a Macri a una reunión de gabinete y a una visita a una escuela porteña, en un acercamiento deliberado con las posiciones más extremas. De todas maneras, reafirma su convicción de ser candidato, aún si debiera enfrentar a su ex jefe político.

Se aleja de afirmaciones grandilocuentes, pero ante el “círculo rojo” de grandes empresarios prometió recientemente lanzar un “shock de estabilización” compuesta por una serie de reformas (laboral, previsional, tributaria) y una reducción del gasto del Estado, en caso de llegar a la Presidencia. En suma, el manual de la ortodoxia económica, de la que son abanderados Espert, Milei y compañía. Entre reacomodamientos y tensiones, la oposición busca su norte de cara al 2023. Aunque cada vez vire más a la derecha.