Si algo quedó claro el pasado fin de semana, es que el progresismo sigue vivo y, más importante aún, que parece haberse dado cuenta del poder de un viejo refrán: la unión hace la fuerza. En torno a esto, giró la cumbre internacional progresista celebrada en Barcelona con el presidente español, Pedro Sánchez, a la cabeza: la reorganización y la unión frente a la que presentan como una derecha más radical, más desbocada y sumida en una guerra sin control.
Por Nahuel Olivieri (desde Madrid)
Pedro Sánchez lideró un evento con la mayoría de los líderes progresistas alrededor del mundo, en la que la representación de América Latina fue sin duda la más importante. Los presidentes de Brasil, Colombia, México y Uruguay (Lula Da Silva, Gustavo Petro, Claudia Sheinbaum y Yamandú Orsi), fueron los grandes protagonistas de una reunión donde también estuvo el expresidente chileno Gabriel Boric y un invitado especial, el Gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.
Todos ellos destacaron su gran preocupación por la situación mundial; con una guerra que, lejos de frenar, parece seguir escalando sin límites, una derecha ultra que inunda de mensajes vacíos y de odio a sus ciudadanos, dándoles muchos enemigos, pero pocas soluciones a sus problemas reales o un capitalismo que parece haber llegado a su máximo nivel de crueldad. Todos afirmaron, en repetidas ocasiones, el “no a la guerra, si a la paz”.
“Es el momento de hacer frente al miedo con más democracia” decía Pedro Sánchez en la apertura del congreso donde, en este sentido, remarcaba: “Tenemos que proteger y demostrar que la democracia no solo se defiende, también se fortalece. El extremismo crece ahí y ocupa el espacio. Hay que apostar por la justicia social, la cohesión y las sociedades más inclusivas”.
El presidente español declaró también que “el tiempo de la internacional ultraderechista y la derecha lacaya ha llegado a su fin” y marcó la reunión celebrada en Barcelona como punto de partida para una alianza progresista, “pacifista, ecologista, sindicalista y feminista”.
Lula, máximo mandatario de Brasil, recordó en su intervención que “el proyecto neoliberal prometió prosperidad y entregó hambre, desigualdad e inseguridad, creando crisis tras crisis” y criticó con dureza a la extrema derecha: “han sabido aprovechar el malestar de la población creando mentiras contra las mujeres, contra los negros, contra las personas LGTBIQ+”.
Petro, por su parte, calificó este evento como “una alternativa al mundo” y advirtió “Hitler está de nuevo vivo en Europa”, mientras que Sheinbaum propuso a sus homólogos presentes impulsar una declaración para “rechazar la intervención militar en Cuba” e invitó a organizar la próxima reunión en México.
El invitado de excepción fue el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, al que los líderes allí presentes arroparon y respaldaron como un futuro candidato a presidente para 2027. El ex ministro de economía afirmó, en su paso por Barcelona que, pese al alineamiento de Milei con Israel y EEUU, “estamos en contra de las matanzas y de la persecución, y a favor de la justicia social. Milei no representa lo que sienten y lo que piensan los bonaerenses y los argentinos” y que las políticas de La Libertad Avanza “son un fracaso y están destruyendo el aparato productivo, los salarios, la educación y la salud”.
Con el paso de los días, este congreso progresista se ha convertido en una inyección de entusiasmo y de moral para una mayoría social que no encuentra referentes ni protección, mientras pierden poco a poco sus derechos, su futuro o sus vidas. Fue más que una reunión de líderes por el progreso, fue la primera demostración de fuerza de una representación dispuesta a enfrentar, unida, “a los grandes peligros que traen consigo la ultraderecha, sus guerras y sus políticas”.

