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Otra zoncera más. Y van…

 Allá por la década del treinta, don Arturo Jauretche descubrió que había una cantidad de sentencias que se repetían como verdades absolutas que no eran más que herramientas que se utilizaban para socavar la conciencia nacional.

Por Aldo Barberis Rusca

Las zonceras son esas frases que se largan en medio de una discusión y que por el peso de su “sentido común”, de su anclaje en lo más profundo de nuestra psique por años de martilleo constante y repetición hasta el infinito por comunicadores y abribocas varios, miembros todos de la “inteligentzia”, quedan grabadas a fuego en nuestra cultura, en nuestra habla diaria y subyacen como premisa en cada análisis que se hace acerca de la realidad del país.

(Por “intelligentzia”, Jauretche entendía esa intelectualidad corrompida, que a cargo del “aparato de colonización pedagógica”, trabaja para impedir la formación de una conciencia nacional)

Para ejemplificar estas zonceras argentinas Don Arturo ponía como madre fundadora al axioma sarmientino “civilización y barbarie” que, tal vez, haya sido la grieta fundacional de nuestra patria.

Para el bueno de Domingo Faustino; padre del aula, fue la lucha tu vida y tu elemento, etc., la barbarie era todo aquel hecho propio por el sólo hecho de serlo, y todo lo ajeno, también por el sólo hecho de serlo, fruto de la civilización. Por lo tanto civilizar era equivalente a desnacionalizar.

Esa división entre civilización y barbarie fue la autopista por donde circuló toda la política y el pensamiento argentinos hasta nuestros días en que se recicló en forma de “grieta” entre republicanos y choriplaneros.

Algunas de estas zonceras han pasado al olvido por fuerza del paso del tiempo mientras que otras se han mantenido o se han reciclado mientras que otras nuevas han venido a ocupar la primera plana de los diarios y un lugar central en los discursos.

Entre las primeras, las olvidadas, podemos dar el ejemplo de “Uruguay es un algodón entre dos cristales”, que pretendía ejemplificar que la creación de un país “tapón” entre Argentina y Brasil, los supuestos cristales de la metáfora, serviría para aliviar tensiones y evitar conflictos; cuando en realidad fue una estrategia británica para sentar una base de operaciones en el sur de América.

En el campo de las zonceras que mantienen su validez con mayores o menores retoques está la que dice que “a los argentinos no les gusta trabajar”, hipótesis refutada por la realidad de que nuestro país está entre los que, los trabajadores que tienen trabajo, más horas trabajan y más días por año lo hacen. Esta zoncera se recicló en varias de uso común en nuestros días acerca de los “choriplaneros”, las que “se embarazan para cobrar un plan”, etc.

Una variante que tomó estado público últimamente consiste en afirmar que “el problema de la Argentina son los argentinos” que cuenta con la ventaja de incluir un juego de palabras, entre “Argentina” y “argentinos” que dota a quien lo expresa de una falsa sensación de inteligencia, o al menos de ingenio.

En los últimos tiempos ha adquirido cierta fama un economista de indómita cabellera, mirada de psicópata y modales discutibles que haciendo gala de un profundo conocimiento de los economistas liberales de la escuela austríaca, o al menos de sus nombres que recita de memoria a la velocidad del rayo, se empeña en demostrar que la economía argentina perdió el rumbo con las políticas estatistas y dirigistas que se adoptaron a partir de la década del treinta y muy especialmente a partir de 1945 y de las políticas aplicadas por el peronismo.

La zoncera asociada a esta corriente de pensamiento, que desde ya anticipamos es absolutamente errónea, por no decir mentirosa, consiste en la repetición desde el gobierno, sus legisladores y políticos asociados y los medios de comunicación del apotegma de los “70 años de decadencia” que, sin ser Adrián Paenza, podemos calcular sus inicios en 1949, primer gobierno de Perón. Los economistas liberales, o libertarios como gustan llamarse, suelen llevar la cuenta hasta los gobiernos de Irigoyen.

Estos economistas, Milei, Giacomini, Espert y otros, brindan un sustento supuestamente objetivo, basado en cifras, a la muletilla gubernamental “estamos saliendo de 70 años de decadencia” que consiste en suponer que hubo una “edad de oro” en el desarrollo de país en que una conjunción de políticas de apertura, libre mercado y emprendedorismo empresario hicieron que la Argentina del centenario estuviera entre los primeros países del mundo en cuanto a desarrollo y PBI (Producto Bruto Interno) superando a muchos países europeos y coqueteando con los primeros puestos de la lista de los más ricos.

Si tienen paciencia en la próxima edición desmantelaremos esta zoncera y trataremos de desentrañar qué la motiva.