El centenario edificio de Villa Devoto fue reabierto el último 25 de mayo. Puede ser visitado por el público mediante visitas guiadas, en las que se destaca su ornamentación y arquitectura, tras las obras de puesta en valor que duraron tres años. Con el traspaso al área de Cultura, se frenó la intención de sumarlo al “Distrito del Vino” y destinarlo a locales gastronómicos. Pero, al mismo tiempo, quedó totalmente desvinculado de la escuela especial referente de la comunidad sordomuda, que funcionó en sus instalaciones durante ochenta años y de la que ahora está separada por un muro.
Por Mateo Lazcano
El Palacio Ceci de Villa Devoto, una distinguida joya arquitectónica de la Ciudad, construida entre 1913 y 1918, atraviesa desde hace unas semanas una nueva etapa. Después de una restauración que demandó tres años y tras una resistencia vecinal que evitó que el centenario inmueble fuera destinado a actividades gastronómicas, quedó reabierto y es posible visitarlo mediante recorridos guiados. A cargo del área de Cultura, será destinado a talleres de conservación del patrimonio, lo que implica que quedará completamente desvinculado de la Escuela de Sordomudos “Bartolomé Ayrolo”, con la que compartió el predio durante décadas.
Esta nueva etapa del palacio, situado en Lincoln al 4300, quedó formalizada el último 25 de mayo, cuando, con la presencia de Jorge Macri, se cortó la cinta de la reinauguración. Ese día, historiadores, amantes del arte y vecinos en general pudieron ingresar a las instalaciones, que habían permanecido tapiadas desde 2022. Y se encontraron con un edificio muy distinto al que preocupaba por la falta de mantenimiento y protección, al punto de no contar con agua corriente ni personal de limpieza antes de su cierre.
La remodelación fue importante e incluyó un plan general orientado a refuncionalizar todo el palacio. Se recuperaron las fachadas y ornamentos originales, se readecuó tecnológicamente la superficie cubierta – de 1.150 metros cuadrados -, se restauraron vitrales, pisos y revestimientos, se puso en valor el jardín histórico y construir un ascensor externo.
Los trabajos no se interrumpieron con el cambio de administración. Aunque recién a mediados de 2025, en una reunión con referentes vecinales, el Gobierno de la Ciudad confirmó que el lugar no sería destinado a actividades comerciales y gastronómicas vinculadas con el Distrito del Vino, como se había insinuado al cierre de la gestión de Horacio Rodríguez Larreta. Algo que motivó fuertes protestas sobre todo por parte de la comunidad de la Escuela Ayrolo.
Visitas guiadas: cómo participar
Después de la jornada de apertura, se fijó un esquema de visitas guiadas abiertas a los vecinos y vecinas que quieran conocer el estado actual del Palacio Ceci. Las mismas se realizan los miercoles, sábados, domingos y feriados.
Para participar es necesario reservar previamente el cupo gratuito a través del portal EntradasBA. Esto representa una diferencia respecto de lo que sucedía antes de la obra, cuando las visitas eran administradas informalmente por un grupo de aficionados a la fotografía y la historia, y el acceso al público general estaba más restringido.
De todos modos, se mantiene la prohibición de realizar recorridos libres. Las visitas duran cincuenta minutos y solo pueden hacerse acompañados por un guía, que va describiendo la historia del lugar y las particularidades de las distintas piezas y sectores.
Este cronista participó de una de ellas, en la que cautivan los detalles ornamentales y las terminaciones, la simetría de la planta baja, las cúpulas y el mármol de las escaleras. También, la instancia final en el patio, desde donde se aprecia la majestuosidad de la construcción centenaria.
El futuro del Palacio Ceci, ahora renovado
Con la remodelación del Palacio finalizada, quedó formalizado el cambio de destino del lugar. Después de pertenecer al área de Educación, el inmueble está ahora en manos del Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Dirección General de Patrimonio, Museos y Casco Histórico, dirigida por Pedro Aparicio.
Este periódico tomó contacto con el equipo de prensa del organismo, pero al cierre de esta edición no hubo respuesta a la consulta acerca de los pasos que seguirán.
A través de los canales oficiales, la administración porteña confirmó que el lugar funcionará como nueva sede de la Escuela Taller de Patrimonio, un espacio de formación que “enseña el arte de cuidar edificios históricos”, aprendiendo tareas como curar paredes, reparar pisos de madera y limpiar pinturas que requieren cuidados especiales.
Sin embargo, hasta el momento el lugar no fue incluido en el listado de sedes donde se brindan estos talleres, que son gratuitos y abarcan oficios como albañilería, ornamentación artística, lutería y distintos tipos de restauración.
La desvinculación definitiva con la escuela “Ayrolo”
Lo que sí es una certeza es que esta nueva etapa trae una desvinculación definitiva con la Escuela de Educación Especial y Formación Laboral N° 28 “Profesor Bartolomé Ayrolo”, con la que supo coexistir durante largas décadas.
Esta institución fue referente para generaciones de familias con discapacidad auditiva desde 1938. Fue en ese año cuando Ayrolo, entonces profesor de lenguaje de señas, se hizo cargo de la propiedad, que había sido alquilada por el Ministerio de Educación Nacional a los descendientes de la familia Ceci, y creó el “Instituto Nacional de Sordomudos”, donde funcionaban un internado y un hogar para chicos provenientes de todo el país.
Tras su fallecimiento, en 1942, la institución tomó su nombre. En 1967, durante la dictadura de Onganía, se sancionó la Ley 17.592, que declaró al edificio de “utilidad pública y sujeto a expropiación”, lo que le dio mayor estabilidad al Instituto al precisar su destino exclusivo.
Con la creación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el inmueble pasó a manos del área de Educación del Gobierno porteño, que lo transformó en Escuela Especial y construyó, en 2008, el edificio nuevo en un anexo del predio, con ingreso por José Cubas 4182.
No obstante, hasta 2016 se siguieron dictando algunas clases en el Palacio y permanecieron allí los despachos de directivos y aulas de inclusión. Por eso, la comunidad escolar mantuvo el vínculo afectivo y sentimental, al considerarlo parte de su historia y sin resignarse a que se convierta en un “extraño vecino”. Una situación que quedó demostrada en la masividad de las protestas de 2021.
Por eso, las familias del Ayrolo sienten que, tras las remodelaciones, quedaron definitivamente separadas de la que supo ser su casa.
Lilia Sánchez, madre de una exalumna y una de las voces de aquellas movilizaciones, confesó a este periódico la angustia que sintió al acercarse junto a su hija al Palacio en la reapertura.
“Está muy lindo, pero no hay siquiera alguna mención de Ayrolo o del Instituto de Sordomudos. Solo se habla de la familia Ceci, y tampoco hay intérprete en Lenguaje de Señas, a pesar de la referencia que siempre fue el lugar para la comunidad sorda”, relató.
A su vez, transmitió la conclusión de que “desde el balcón del Palacio tenés la escuela en tus narices, pero da la sensación de que quedaron divididos para siempre”.
Esta división, para colmo, quedó reforzada con la restauración. Previamente había un alambrado precario cubierto con una lona. Pero ahora se construyó un muro bajo de hormigón y, sobre él, un enrejado, dejando claramente delimitadas ambas áreas.

En la escuela, por su parte, directivos que prefirieron no ser nombrados reconocieron que, en esta nueva etapa, “ya no podemos pasar al Palacio ni hacer ninguna actividad”.
Así, la única esperanza que conservan quienes desean volver a un escenario parecido al de hace diez años es que la acción de amparo presentada en el fuero Contencioso, Administrativo y Tributario de la Ciudad sea aceptada.
La misma pide la nulidad del acto administrativo que decidió el cambio de destino del inmueble, argumentando que, por la Ley de Expropiación, está destinado al uso exclusivo de la Escuela Ayrolo. También cuestiona aspectos formales, como la ausencia de una audiencia pública y la falta de especificación precisa de las razones que motivaron el cambio de decisión.
Después de un rechazo in limine en 2023, la Sala III ordenó la reapertura de la acción, que cuenta con el patrocinio del Observatorio por el Derecho a la Ciudad. Actualmente, la causa se encuentra en etapa de prueba, el paso previo a la sentencia.

