Mientras gran parte del pueblo argentino lloraba la muerte del Indio Solari, el gobierno vivía una de las peores crisis internas desde que Javier Milei asumió la Presidencia. Patricia Bullrich suma protagonismo y busca condicionar al oficialismo. Por su parte, Jorge Macri se ilusiona con la reelección.
Por Fernando Casasco
“¿Quién mueve, así, los hilos en los gobiernos? | Locos de gran intensidad | por las verdades que ocultan” | (Todos a los botes, Carlos “Indio” Solari)
La muerte de uno de los más grandes ídolos populares de los últimos 40 años pareció atenuar por un momento la fuerte crisis política que envuelve al gobierno de Javier Milei. El temor de la administración nacional a una demostración social y cultural con ribetes de acto político opositor impidió que miles de argentinos pudieran despedir a Carlos “Indio” Solari en alguno de los espacios centrales del poder como es costumbre en estos casos: la Casa Rosada o el Congreso.
Tal vez haya sido mejor así: quién hacía un culto de su independencia respecto al poder y a su marcha por el costado del mercado tradicional y los espacios oficiales, se fue despedido en un funeral con más perfume a pueblo y a subalternidad.
Alrededor de un millón de personas desfilaron en paz por un modesto gimnasio de Avellaneda para mostrar su dolor y su amor ante el féretro del hombre que llenó de poesía los sufrimientos y las injusticias de la sociedad contemporánea, pero sobre todo de los pibes y las pibas de barrio. Todo un palo.
La noticia del fallecimiento del músico dejó en falsa escuadra a un oficialismo que ya venía a los tropezones, pero por problemas internos. Patricia Bullrich, actual jefa del bloque de senadores de La Libertad Avanza planteó públicamente sus diferencias con la Casa Rosada, al oponerse al retiro del pliego de la jueza Verónica Michelli, el cual el gobierno había decidido retirar.
El motivo nunca desmentido para la movida oficial no era otra que la relación familiar de la magistrada con el periodista del diario La Nación Hugo Alconada Mon (es su cuñado), quien cobró notoriedad en los últimos tiempos por sus investigaciones del caso $Libra, las coimas en ANDIS y el patrimonio de Manuel Adorni, todas causas urticantes para el gobierno.
Curioso conflicto de intereses: parece que ser pariente de un periodista es más obstáculo para impartir justicia que tener una relación directa con otros jueces o fiscales. Sin ir más lejos, uno de los pliegos que se buscaba aprobar es el del hijo del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosati.
Lo que en otro momento hubiera sido considerado un nuevo desapego libertario con las formas republicanas que pasaba por debajo del radar, esta vez fue motivo de crisis al mayor nivel. La decisión de Bullrich de no acompañar el retiro del pliego encendió todas las alarmas por su distanciamiento de la línea definida por Javier Milei y su hermana Karina, la poderosa secretaria general de la Presidencia. Ya la ex funcionaria se había apartado de la senda marcada desde lo más alto del poder por reclamar la presentación de la declaración jurada del jefe de gabinete Manuel Adorni, en el momento en que arreciaban las denuncias por el incremento del patrimonio del ex vocero.
Acallado en parte el ruido de aquella acotada rebelión bullrichista al libreto oficial, llegó la polémica por el pliego de María Verónica Michelli como jueza del Tribunal Oral Federal N.º 3 de La Plata. Tras manifestar su “objeción de conciencia” al retiro del pliego, la senadora puso a disposición del Presidente su renuncia a la titularidad del bloque libertario en la Cámara Alta, la que le fue rechazada.
Finalmente, el objetado pliego salió aprobado con los votos del peronismo, el PRO, los radicales y la abstención de Bullrich.
Con extensa trayectoria en sus espaldas, la ex ministra juega a varias puntas. Y le marca los incómodos límites al mileísmo, cada vez que puede. A pesar de haberse afiliado a La Libertad Avanza y haber encabezado la lista porteña en 2025, los hermanos Milei nunca la terminaron de tomar como una dirigente propia. Lo bien que hacen.
La diferenciación se da en un contexto de caída en las encuestas de Javier Milei, mientras que la propia Bullrich es una de las que superan en imagen al propio jefe de Estado (el otro es el gobernador bonaerense Axel Kicillof).
Las sospechas por corrupción que no se cierran, sumadas a una situación económica que – pese al tono triunfal del oficialismo – no mejora los bolsillos de la mayoría de la población, hicieron que la dirigente porteña oliera en el viento un cambio de orientación y operara en consecuencia.
No hay que perder de vista que después del Mundial de fútbol, que está comenzando ya, la política argentina empezará la hora de definiciones de cara a las elecciones de 2027. De esta manera Bullrich parece decirle a los Milei que la necesitan hoy aún más que en 2023, cuando la alianza se selló en redes sociales con una imagen tierna de un león y una pata abrazándose. Hoy los gestos son otros.
Entre posteos en redes sociales y recorridas provinciales, orejea el futuro. Se habló mucho de la posibilidad de una candidatura a la Vicepresidencia, un casillero en el que Karina Milei preferiría no verla. Pero Bullrich juega con la posibilidad de lanzar su propia candidatura presidencial nuevamente, con el objetivo de reunir detrás suyo a los sectores que aprueban el rumbo económico del gobierno, pero critican la falta de apego a las formas republicanas del primer mandatario. Más allá de esa parte del electorado, grupos de poder importantes serían sponsors de la apuesta: grandes medios, la Asociación Empresaria Argentina y la corporación judicial, entre otros.
Por ese mismo andarivel parece correr el líder del PRO, Mauricio Macri, quién comenzó a moverse fuerte en la reorganización del partido a nivel nacional y en diferenciarse del gobierno de Milei, a quien critica por los modos y la presunta corrupción. Un caníbal desdentado enseñando a masticar. Ya anticipó que el partido amarillo presentará su propio candidato a presidente, pero no hay chance de que la nominación vuelva a recaer en Bullrich: ya le hicieron la cruz tras su raudo cambio de escudería hacia la fuerza de los Milei.
¿Y la Ciudad de Buenos Aires? Con la caída en desgracia de Adorni (hoy muy bajo en los sondeos de opinión), Bullrich aparecía como la candidata casi cantada a la Jefatura de Gobierno por La Libertad Avanza. Sin embargo, la senadora no querría recorrer ese camino, según se lo habría transmitido a dirigentes de su propio espacio y a interlocutores del PRO. En cambio, juega a la indefinición y a ganar protagonismo de cara a las elecciones nacionales.
Estos movimientos de Bullrich, la baja de Adorni y los traspiés del gobierno dieron aire a Jorge Macri, quien ya expresó a viva voz su intención de ir por la reelección en la Ciudad, algo que hace apenas un año – cuando su fuerza quedó tercera en las elecciones locales – parecía una quimera.
El jefe de gobierno no para de levantar su perfil y de derechizar cada vez más su discurso y su accionar. El muro invisible al que hacíamos referencia en este periódico el mes pasado se convirtió en uno más que visible, tras la decisión de saturar de efectivos policiales los accesos a la ciudad de Buenos Aires desde el Conurbano. El populismo punitivo de Macri busca la diferenciación con la gestión de Kicillof, al que ubica como el mayor enemigo ideológico, algo en lo que coincide con el discurso del presidente Miei.
En tanto, el gobierno nacional que se veía consolidando su poder en el distrito porteño tras dos triunfos electorales, ahora enfrenta una dura encrucijada. Desde las cercanías de Karina Milei se busca empoderar a la legisladora Pilar Ramírez, quien es el ariete libertario en la Ciudad. Pero llevar ese liderazgo al terreno electoral es harina de otro costal: el perfil de la diputada es subterráneo, y tal vez su mayor premio podría ser acompañar a Jorge Macri en una lista conjunta.
La pelea en la derecha pasa finalmente por saber quién representa con mayor intensidad los ideales individualistas, la mano dura y la desjerarquización de lo público. Las muestras de un pueblo movilizado, organizado y pacífico (aunque solo sea para la despedida de su héroe) dejan ver que aún hay espacio para la construcción de una identidad colectiva y de una sociedad más igualitaria.
Como diría el “Indio”: “Cuando la noche es más oscura, se viene el día en tu corazón”.


