Lo que nació como un grupo autoconvocado en la plaza de la estación para hacer frente al sedentarismo y la soledad de los más chicos, hoy es una red solidaria con personería jurídica, una vasta oferta de talleres y un reclamo vigente: un lugar digno donde entrenar. “Ver cómo una simple actividad se convirtió en una red de amistad es una alegría enorme”, afirma Vanesa Coria, su fundadora y actual integrante de la Junta Comunal 12.
Por Juan Manuel Castro
La historia de un barrio también se escribe con una pelota en movimiento. Las tardes de tirar al aro primero fueron una diversión para los chicos y chicas, luego un espacio para hacer amigos y más tarde una comunidad con proyectos diversos y objetivos comunes. Desde las canchas en la plaza de la estación, la Escuelita Deportiva de Villa Pueyrredón celebra su primera década entre socios y compinches de todas las edades con la satisfacción de los logros, la certeza de los desafíos presentes y la mirada puesta en reivindicaciones para mejorar la calidad de vida.
Lo que empezó en 2016 como una respuesta espontánea de vecinos y vecinas a la necesidad de brindar deportes gratuitos para sacar a los chicos de las pantallas, hoy es una institución consolidada. “Es una enorme alegría ver cómo una simple actividad deportiva se convirtió en una red de solidaridad, contención y amistad entre los peques, sus familias, entrenadores y colaboradores”, reflexiona Vanesa Coria, el alma mater del proyecto, en diálogo con este medio.
De la plaza a la personería jurídica
La evolución de la Escuelita ha sido constante. Aquellos entrenamientos iniciales de básquet en la plaza fueron la semilla de lo que hoy es una entidad con personería jurídica y socios, pero que mantiene intacto su espíritu de club barrial.
A lo largo de estos diez años, la Escuelita no solo enseñó a picar la pelota o a patear al arco, han organizado celebraciones del Día de las Niñeces y la llegada de Papá Noel, también festivales conmemorativos de fechas clave como el 24 de marzo o el 2 de abril.
“Creemos en los derechos de los niños a ser felices y a desarrollarse en ambientes sanos, a resguardo del bullying y la violencia”, sostiene Vanesa, hoy también integrante de la Junta Comunal 12. Esa visión integral llevó a la creación de talleres de periodismo para adolescentes, apoyo escolar, clases de ESI (Educación Sexual Integral) y hasta salidas culturales al Museo Malvinas o Tecnópolis.
También, junto a instituciones deportivas locales como VP Básquet, han reclamado a las autoridades por la reparación de las canchas públicas de básquet y fútbol de la plaza de la estación.
El semillero que trasciende el barrio
Para Diego Lanza, director técnico de fútbol con trayectoria en Estudiantes de Buenos Aires y Sportivo Devoto, la satisfacción pasa “principalmente por ver a los chicos contentos. En definitiva, todos estamos por ellos”.
Diego se sumó al proyecto en 2018 tras leer una nota en este mismo periódico donde Vanesa pedía colaboración. “La escuela es algo más bien recreativo, se apunta a no excluir a ningún chico. Pero hubo muchos casos de pibes que pudieron seguir formándose en clubes”, relata Diego, quien habla de “formar bien a los chicos, acompañarlos y orientarlos”.
Ver a jóvenes de 20 años que hoy cruzan a Vanesa por la calle con un saludo afectuoso es la prueba de que la marca de la Escuelita es profunda. “Que recuerden este espacio con nostalgia y amor es lo que primero se me viene a la cabeza”, confiesa la fundadora.
También repasa que gracias a becas que el DT Lanza consiguió, muchos jugadores hicieron carrera en clubes como Estudiantes de Buenos Aires y Sportivo Devoto, a la vez que muchos hicieron camino en el básquet en clubes del barrio como el 17 de Agosto y el Talar, este último en Agronomía.
“La Grupa”: El surgimiento de una red sorora
Uno de los hitos más emocionantes de esta década es cómo el espacio logró permear en las familias. No son solo los chicos los que encuentran un lugar; las madres también lo hicieron. Así nació “La Grupa”, un equipo de fútbol femenino integrado mayoritariamente por las mamás de los alumnos, bajo la conducción de la entrenadora Paula Morales, la misma entrenadora de los peques.
“También, y como consecuencia de ése acercamiento surgió un grupo de escucha, asesoramiento, acompañamiento y ayuda destinado a madres que maternan en soledad, donde la red de contención es fuerte y sorora”, remarca Vanesa.
Paula llegó a la Escuelita como una vecina más, acompañando a su hijo de 11 años a las clases de apoyo. Su camino de compromiso refleja el espíritu del club: de colaborar en los festejos pasó a jugar al fútbol recreativo y, tras formarse como DT, asumió la conducción técnica en 2023.
“Siento un orgullo enorme de compartir un espacio donde el objetivo es el desarrollo sano de las niñeces”, afirma Paula, quien destaca que el mayor aprendizaje es romper con el adultocentrismo: “Las infancias siempre te ponen en jaque; el desafío es cuestionar métodos anticuados y escuchar más a les pibis”.
Para la entrenadora, la verdadera satisfacción reside en la confianza construida con las familias, transformando el deporte en una herramienta de reciprocidad. “En este presente de indiferencia, intentamos ser esa mirada amorosa y abrir puertas para soñar un mundo donde nadie se quede afuera. Entendemos que somos comunidad y que nadie se salva solo”, sostiene Morales.
La deuda pendiente
A pesar del festejo por la década cumplida, el aniversario está marcado por un reclamo que ya lleva ocho años: la falta de una infraestructura techada. La Escuelita entrena a la intemperie, y debe suspender actividades ante cada lluvia y les impide participar en ligas competitivas que exigen canchas con determinadas condiciones y baños.
El foco del conflicto es el predio de la canchita techada de Bolivia 5842. “Desde 2018 pedimos al Gobierno de la Ciudad que nos preste ese lugar, pero formalmente no tenemos respuesta”, denuncia Coria.
Lo paradójico es que existió un proyecto votado por los propios vecinos para que allí funcionara una canchita de uso público, la obra se realizó, pero el acceso sigue vedado para las asociaciones civiles del barrio mientras hubo concesiones a privados en predios locales como el Parque Sarmiento (canchas de rugby), señalan desde la Escuelita Deportiva Villa Pueyrredón.
Para los integrantes de la Escuelita, habitar el espacio público es un acto político. “Hacer esta actividad en el espacio público durante 10 años es el mayor acto de reivindicación de derechos. Lo considero fundamental para ayudar a integrar a chicos y adolescentes que hoy en día no pueden acceder a clubes o programas deportivos de la Ciudad que no tienen suficientes cupos”, afirma Vanesa.
Un equipo que se agranda
La estructura actual de la Escuelita se sostiene sobre nombres propios que le ponen el cuerpo cada semana. Además de Vanesa, Diego y Paula, se destacan Pablo Apicella en básquet – jugador profesional con pasado en San Lorenzo – y colaboradores jóvenes como Ezequiel Silva, Federico Torres y Martín Stabile.
Incluso la familia de Vanesa es parte del motor: sus hijas Indiana (quien debió pausar sus clases de básquet por maternidad) y Ornella se encargan de las meriendas y de la comunicación en redes sociales, adaptando la institución a los nuevos lenguajes digitales para llegar a los más jóvenes.
Preocupación por el presente
En la Escuelita, se debate a diario el panorama social. “La plata no alcanza y los adultos deben tener entre dos y tres trabajos para llegar justos a fin de mes, lo que también hace que tengan menos tiempo para acompañar a sus hijos”, menciona Vanesa. Así, los menores pasan “mucho tiempo en internet” y aparecen mensajes de todo tipo.
“Vemos con preocupación cómo ellos, que son nuestro futuro, están solitos intentando crecer en una sociedad agresiva que los ignora”, agrega. El caso de las supuestas amenazas de tiroteos en escuelas –que se mezcla entre retos virales de redes y acciones posibles, ante recientes casos ocurridos en el país- da cuenta de ello.
Mirando al futuro
Hay varias formas para ayudar a la Escuelita, como donar leche larga vida o galletitas para las meriendas. Sumarse al grupo de Facebook “Vecinos por la recuperación de la canchita de Bolivia 5842” es otra opción.
Hay vecinos que suelen donar indumentaria deportiva o material de entrenamiento. Son formas de darle herramientas a este club, de los denominados “sin techo”.
Diez años después de su creación, la Escuelita Deportiva Villa Pueyrredón ha marcado las tardes de varias generaciones de chicos y chicas del barrio. Ha sido el espacio de alegrías y crecimiento, a la vez que ha alentado a sus vecinos a pensar una comunidad mejor, más alegre y solidaria.
Continúa la lucha por varias causas, desde el techo propio hasta acompañar a las niñeces y la juventud para alejarlos del aislamiento o la violencia. Siempre que haya una pelota en movimiento en la plaza, esta historia continuará escribiéndose.

