En 2023, el periodista y escritor Matías Máximo publicó este libro que explora la violencia de las personas de la diversidad antes, durante y tras la última dictadura cívico militar.
Por Stanley Luna
Previo, durante y con la vuelta a la democracia en Argentina las personas Lesbianas, Gays, Bisexuales, Transexuales y otras identidades sexuales (LGBT+), pero principalmente las travestis, fueron víctimas de la violencia estatal. Desde antes de la dictadura, existieron las contravenciones y alas de la policía que se encargaban de perseguir a aquellos que estuvieran en contra de las “normas de la moralidad”.
En la dictadura, la violencia contra estas personas se acrecentó. Y, aunque no puede concluirse que la orientación o la identidad sexual fue la causa de cientos de detenciones o desapariciones de LGBT +, sino que lo fue su militancia política, pertenecer al colectivo de la diversidad sexual las expuso doblemente ante la violencia estatal.
Tras la dictadura, las travestis continuaron siendo víctimas de la represión estatal, pues fue entre las décadas de 1990 a 2010 cuando finalmente se derogaron las contravenciones creadas para detenerlas. En 2012, el colectivo logró la Ley de Identidad de Género. Por lo cual, según las mismas travestis, la democracia para ellas vino hasta aprobada esta ley.
Esta secuencia de la violencia hacia las personas LGBT+ es narrada por el periodista y escritor Matías Máximo en el libro El Nunca Más de las Locas (Editorial Marea, 2023). Y, a 50 años del golpe cívico militar y eclesiástico, esta investigación muestra que, en contextos de violencia, las personas disidentes a las normas sociales establecidas son las principales víctimas de la represión.
En su investigación, Máximo entrevistó a travestis referentes que vivieron o viven en Ciudad de Buenos Aires, y las provincias de Buenos Aires y Santa Fe; a lesbianas, gays y personas de otras identidad sexuales que vivieron su juventud en los años de la dictadura; además, el periodista recabó en archivos histórico del Estado, en archivos personales de activistas y otros intelectuales LGBT+ para concluir que no hubo un plan sistemático que buscaba desaparecer a personas por razones de su identidad sexual o género, pero esta condición agravó la violencia que recibieron aquellos que secuestrados por razones políticas y que al mismo tiempo pertenecían al colectivo de la diversidad sexual.
En la última marcha para conmemorar los 50 años del golpe militar, el pasado 24 de marzo, un grupo de hombres gays portaba y exhibía entre la multitud la cifra 400. Los números estaban estampados con los colores de la bandera arcoiris que representa al colectivo LGBT+. Con ello hacían alusión a que, de acuerdo con la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), 400 de las víctimas de la dictadura fueron homosexuales.
De acuerdo con Máximo, en 1987, el activista gay Carlos Jáugueri, en su libro La homosexualidad en Argentina, reveló esta cifra. En una entrevista televisiva, en 1996, Jáugueri dijo que, de la nómina de 10,000 personas desaparecidas pertenecientes a la CONADEP, 400 eran homosexuales. Para el activista, el rabino Marshall Meyer, una de las 10 personas que conformaron la comisión, fue el único del equipo que señaló que las personas del colectivo LGBT+ fueron víctimas de una violencia específica en el marco de la dictadura.
El Delta, un refugio
El Delta del Tigre sirvió como refugio a aquellos perseguidos políticos de la dictadura. A una hora de la Ciudad de Buenos Aires, se volvió un lugar propicio para esconderse, y los homosexuales y las travestis también se refugiaron allí. En el libro, Máximo señala que hubo al menos 3000 personas de la diversidad sexual que decidieron habitar los riachuelos del delta. Formaron una comunidad y llegaron a construir incluso puentes que conectaban un punto con otro.
Aunque desde 1949 hasta entrados los 2000 funcionó en Argentina el Reglamento de Procedimientos Contravencionales, que sumó nuevos edictos y penaba el “escándalo que corrompiera las buenas costumbres”, a aquellos que vistieran ropas del sexo contrario, que bailaran en la vía pública con personas del mismo sexo y también castigaba la vangacia -uno de los delitos más difíciles de probar-, durante febrero los gays y las travestis podían disfrutar de los carnavales sin ser perseguidos. Era la única época del año donde eran libres. Y, en el Delta del Tigre, también se celebraba el carnaval con fiestas y realizando concursos de disfraces.
“Solo una vez al año sus cueros eran lícitos, cuando en los febreros lograban camuflarse entre plumas, brillos y carrozas de los carnavales. El resto de los días eran siluetas ilegales y podían quedar presas incluso por ir hasta el almacén”, destaca el periodista. A su vez, dice que otro espacio donde las travestis eran libres eran los cabarets. Allí presentaban shows nocturnos, pero antes los dueños tenían que arreglar con las brigadas de Moralidad de la Policía para que no las llevaran presas.
Detenciones continuas
Para la travestis y homosexuales, la sumatoria de tres detenciones a causa de estas contravenciones y las detenciones bajo las razzias policiales durante la dictadura eran motivo para enviarlas, entre otras cárceles, a la del barrio de Devoto, donde había un pabellón destinadas para ellas. En el encierro, eran víctimas de tortura y violencia sexual.
Travestis como Valeria del Mar Ramírez pasaron por diferentes cárceles, una fue el Pozo de Banfield, un lugar que funcionó como centro clandestino durante la dictadura y donde eran torturadas embarazadas que daban a luz, y luego eran desaparecidas mientras sus eros quedaban en propiedad de otras personas.
Ramírez recuerda haber estado dos veces en el Pozo de Banfield. La segunda fue en 1977, cuando la detuvieron junto a una amiga travesti. Estuvo 14 días y logró salir por la ayuda de un abogado que se prestó a presentar un hábeas corpus. “Nos metieron en un buzón, por separado, y ahí fue lo que Dios quiso: me violaron entre varios, muchas veces no me daban comida, o las cubrían de sal y no me daban agua, me llevaban a rastras de los pelos. Era una pesadilla”, contó Ramírez, quien además testificó haber visto a una mujer desvanecida por una hemorragia en un baño, tras haber dado a luz a un bebé al que un policía cargaba en los brazos.
Ramírez fue la primera travesti que declaró en un juicio de lesa humanidad en Argentina. Declaró en tribunales de La Plata, en el Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones de Derechos Humanos Dr. Fernando Ulloa y ante la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.
Durante la dictadura, algunas travestis, homosexuales y activistas LGBT+ se exiliaron, otros quedaron en Argentina a costa de la violación sistemática de derechos humana durante y después de la dictadura. En 2023, la provincia de Santa Fe aprobó una Ley de Reparación Histórica Travesti Trans que consiste en una pensión mensual y cobertura médica para las travestis que fueron víctimas de persecución y violencia estatal entre 1983 y 2010. En la provincia de Buenos Aires y en la Ciudad de Buenos Aires hay proyectos de ley similares que siguen en discusión.

