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SON 30 MIL

Son 30 Mil
Logo El Barrio PueyrredónUna discusión – el número de desaparecidos – que solo tiene sentido en el imaginario negacionista y en la reivindicación de la dictadura cívico-militar. En documentos desclasificados de EEUU los militares genocidas reconocían, hacia 1978, que habían matado y desaparecido a 22.000. Esta metodología continúo en forma sistemática sobre todo entre 1979 y 1980. Adoctrinamiento de militares franceses.

Por Ignacio Di Toma Mues

En 2008, en un acto en Villa Pueyrredón en homenaje a los desparecidos del barrio y de la empresa Grafa, este medio entrevistó a Alejandra y Viviana, hijas de Víctor Ballestero y José Valentich integrantes de la comisión interna de la Grafa, empresa del grupo Bunge y Born. Alejandra tenía 9 años y Viviana 3 años cuando sus padres fueron “secuestrados y desaparecidos”.

Alejandra – militante por los derechos humanos – sostiene la teoría general de que las grandes multinacionales fueron las que, muchas veces, delataron a sus propios empleados y que no hay que olvidarse de las responsabilidades y complicidades por parte de la sociedad civil. Víctor Ballestero, nos contó su hija, trabajó casi 22 años en la textil de Villa Pueyrredón, hasta que una tarde la patota militar lo arrancó de su casa en la localidad de Moreno en la provincia de Buenos Aires, cuando tenía tan sólo 42 años.

“Los dueños de la fábrica eran los que entregaban las listas para que vayan a buscar a nuestros viejos. Es más, a fines del ’75 a los obreros les hicieron hacer un croquis con el detalle de cuántas cuadras caminaban, qué colectivo se tomaban, cuál no. O sea que esas listas fueron entregadas para que fueran a buscarlos” dijo Alejandra.

Viviana, hija de José Valentich, ignoraba hasta principios del año 2008, el verdadero paradero de su padre, arrancado también de su casa en Moreno. Nunca había entendido lo que había sucedido realmente con su padre, tampoco ningún familiar jamás se lo explicó ni ella se animó a preguntar. Recién, a principios de 2008, se enteró de la verdadera historia.

Uno de los casos conocidos más dolorosos fue el de la familia Tarnopolsky. Daniel Tarnopolsky pudo exiliarse luego de que secuestraran a su papá, mamá, hermano, hermana y cuñada. Todos permanecen desaparecidos. Regresó al país con mucha valentía y en 1985, junto a su abuela, Rosa Daneman de Edelberg, declaró en el Juicio a las Juntas. Emilio Massera dijo de él: “(es) una pobre rata judía”.

Se secuestró, se asesinó, y seguramente en miles de casos nunca se hicieron las denuncias por miedo, por el terror en el que se vivía, o porque no quedaron sobrevivientes para contarlo. El terror y la estigmatización del “POR ALGO SERÁ” sembraron de silencio la patria.

Cabe recordar que en la endeble democracia, nacida en diciembre de 1983, sufrimos los levantamientos CARAPINTADAS. El poder de los TORTURADORES Y ASESINOS estaba bien presentes en los años ’80 y principios de los ’90.

Así fue que lograron las leyes de “obediencia debida”, “punto final” y “los indultos”. Pero la lucha de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo no permitieron el “olvido y el perdón” y llevan hoy como bandera la “memoria, verdad y justicia“.

Durante los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández se derogaron las leyes que impedían la continuidad de los juicios, y fueron además impulsados desde la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, que encabezaba Eduardo Luis Duhalde.

Los NEGACIONISTAS, hoy afirman que si sólo se pudieron registrar un poco más de 9.000 desaparecidos, “bueno, son esos, no hay más”. Los GENOCIDAS destruyeron pocos meses antes de entregar el poder, en diciembre de 1983, las listas y documentos. Pero no hay crimen perfecto, ni aún el de estas bestias que se creyeron impunes.

Existen documentos – desclasificados en EEUU – donde los propios militares argentinos reconocen que a fines de 1978 habían asesinado y desaparecido a 22 mil “extremistas”. Un número que se acrecentó durante los duros años de 1979 y 1980. Los crímenes por parte de las FUERZAS ARMADAS reconocidos por ellos mismo comienzan en octubre de 1975.

A partir de esa fecha, detalla un documento publicado por el Archivo General de la Memoria, en la última etapa del gobierno constitucional de María Estela Martínez , “se dictaron normas secretas que tenían como finalidad reglamentar la actuación de las Fuerzas Armadas y de Seguridad en lo que se consideraba la lucha contra la subversión… se creó el Consejo de Seguridad Interna y se establecieron los medios para subordinar a los policías y fuerzas penitenciarias provinciales al control operacional de las Fuerzas Armadas”.

Y afirma “las fronteras dejaron de ser geográficas y se transformaron en ideológicas. El enemigo era el enemigo interno, la propia población. Era la plena vigencia de la Doctrina de la Seguridad Nacional”.

En “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar”, Rodolfo Walsh manifiesta en marzo de 1977: “Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror. Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional”.

El 25 de marzo de ese año, mientras distribuía su carta para que llegue a las redacciones de los diarios, fue secuestrado y asesinado por una patota de la ESMA. Su cuerpo permanece aún desaparecido.

Un dato que no debe pasar desapercibido. Militares franceses adoctrinaron a militares argentinos entre 1957 y 1962 – en la Escuela Superior de Guerra – en lucha contrainsurgente con el ejemplo de las guerras coloniales en Indochina y en Argelia.

El General Díaz Bessone, Ministro de Planeamiento de Videla, relata esta situación en el documental “Escuadrones de la muerte. La Escuela Francesa” de la periodista Marie-Monique Robin. Para la aplicación de esta doctrina, el ejército francés instaló en esos años una delegación permanente en nuestro país.

Los franceses instruyeron sobre la división del territorio en zonas, subzonas y áreas de seguridad. Además de la importancia del servicio de inteligencia y los métodos de torturas a los prisioneros. Y la desaparición de personas. La enseñanza de los franceses fue exitosa, asegura Díaz Bessone en el documental.

El terror y la complicidad civil hizo el resto. Pero todo dique, por más robusto que sea, si se le presenta una pequeñísima grieta, termina finalmente colapsando. La grieta fueron ellas, las MADRES y la ABUELAS


“30 años después. El Ejército admitió 22.000 crímenes. Documentos desclasificados en EE.UU. revelan que los militares reconocían esa cantidad de desaparecidos hasta 1978” escrita por Hugo Alconada Mon y publicada el 24 de marzo de 2006 en el diario LA NACION.