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Escuela de Herrería Lesbiana en Villa Devoto: mujeres con amoladora y martillo en mano

Escuela de Herrería Lesbiana
MASAJE TAILANDES
La propia cultura define al oficio del “herrero” como una actividad prácticamente masculina. Sin embargo, un taller en Villa Devoto se propone revertir esa mirada patriarcal. Se trata de la “Escuela de Herrería Lesbiana – Taller La Gran Siete”, dictado por una mujer y que reúne mayoría femenina entre sus asistentes.

“Escuela de Herrería Lesbiana – Taller La Gran Siete” en Villa Devoto

Por Mateo Lazcano

Si se busca en la carpeta de imágenes del buscador más famoso del planeta la palabra “herrero”, aparecen decenas de fotos similares. Son hombres, morrudos, en su mayoría con barba, y con los huesos y los dedos de la mano grandes. En cambio, si se coloca la palabra “herrera”, se direcciona a deportistas, empresarios/as o modelos. Nunca aparecen mujeres practicando ese oficio.

Internet no es la máxima referencia de la cultura, pero sus respuestas no distan mucho de la mirada de la sociedad. Aún hoy, hablar de una mujer ejerciendo la herrería, con la amoladora, dando golpes al martillo y subiéndose al hombro caños es una imagen difícil de imaginar, y que parece algo complejo de hallar.

Sin embargo, en Villa Devoto existe hace dos años un taller de herrería que intenta, y en los hechos consigue, trastocar esa mirada machista y patriarcal de este oficio. Se trata de la “Escuela de Herrería Lesbiana – Taller La Gran Siete”, situada en Tinogasta y Bahía Blanca. El mismo está a cargo de una mujer y recibe alumnes en su inmensa mayoría integrantes de la comunidad de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Transgéneros (LGBT).

Esa mujer es Maia Venturini Szarykalo y cuenta la experiencia a nuestro portal digital. “El próximo 3 de marzo el taller cumple dos años. Surgió porque me mudé a este barrio y me encontré con este taller inmenso y con diez años de oficio”.

“Yo no dije ‘voy a hacer una Escuela de herrería’. Pensé en cómo poder transmitir el oficio y posteé eso en Facebook, pensando que solo atraería a un grupito de gente”, continúa.

Para su sorpresa, “se anotó gente a lo loco”. Maia aclara que es conocida en la Comunidad LGBT porteña porque le confeccionó muebles a muches de sus integrantes, así como a muchas feministas, por lo que no fue necesario aclarar las características y la mirada que iba a tener el taller.

El éxito la obligó a armar una estructura de cuatro encuentros, que repitió de manera constante cada domingo. La primera misión que tiene al frente del taller, señala, es vencer el miedo de sus asistentes.

“Para alguien que nunca estuvo frente a una amoladora, la mirada es de mucho respeto y distancia”, dice, quien comenzó a dedicarse a la actividad como forma de huir a la rutina que la tenía diariamente como programadora frente a una PC. Superado el escollo citado, la escuela propone armar marcos de hierro y canillas estructurales. De esa manera, les asistentes aprenden lo básico del oficio.

El público de la escuela de herrería está compuesto por miembros de la Comunidad LGTB, de las cuales muchas son mujeres. No obstante, en el último tiempo comenzaron a sumarse algunos varones “CIS”, como se llama a aquellos que se perciben del mismo género que presenta su fisonomía. Maia destaca que nunca tuvo la intención de cerrar el taller exclusivamente para el ambiente que integra, pero que el espacio “no tolera actitudes machistas ni homofóbicas”.

“A mí me encantan que vengan varones, está bueno que no tengan aprensión a aprender el oficio de alguien que no sea un hombre”, afirma. Su coordinadora reconoce que a algunos les resulta chocante el título “Escuela de herrería lesbiana”, pero indica que ello no debería convertirse en un impedimento.

“El nombre justamente está para eso, como un filtro. Si te resulta fuerte solamente el nombre, no vengas”, enfatiza. Al respecto, llama a la reflexión al destacar que “si el taller fuera ‘Escuela de herrería Mar del Plata’, la gente de Buenos Aires no dejaría de venir por eso. Eso habla más de la lesbofobia de esa gente que de otra cosa”, manifiesta.

En sus años de experiencia como herrera, Maia asegura que ha sufrido la discriminación del propio sistema patriarcal que no vislumbra que este oficio sea ejercido por una mujer. En ese sentido, comenta dos anécdotas. En una, explica que la primera vez que llegó el nuevo proveedor a Villa Devoto le dijo si “había gente para descargar los hierros”, obviando la posibilidad que fuera ella la encargada de hacerlo.

Otra vivencia en tono similar las vivió durante mucho tiempo ella y otras colegas en las ferreterías. Allí, dice, las mujeres “son boludeadas”. “Hay que fumarse distintas cosas que no deberíamos, y depende el día, eso será con más o menos elegancia”, indica.

Este 2020 llegó para la Escuela de herrería lesbiana de Villa Devoto con una gran novedad: los cupos pasan de 10 a 20 alumnes por domingo. La actividad es libre, pero hay que tener paciencia para esperar el turno: la lista de espera supera las 160 personas, lo que implica varios meses hasta poder ingresar al taller.

Sin embargo, el paso por la misma deja una enseñanza aún mayor que la herrería. La de poder ampliar la mirada y que pensar en una mujer con una amoladora y un martillo a cargo deje de ser una excepción.