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Las huellas de Julio Cortázar en el pintoresco Barrio Rawson, pegadito al parque Agronomía

Casa Julio Cortázar
Logo El Barrio PueyrredónEmblema de la literatura argentina, Julio Cortázar tuvo un vínculo distante y desapercibido con la Ciudad de Buenos Aires. Sin embargo, parte del tiempo en que residió en suelo porteño lo hizo en el “Barrio Guillermo Rawson”, situado detrás de la Facultad de Veterinaria. El contorno y su vivienda se mantienen muy similares a lo que fueran hace 70 años.

Por Mateo Lazcano

Julio Cortázar y su huella en el Barrio Guillermo Rawson.

Nacido en Bélgica y muerto en Francia, el escritor Julio Cortázar ha mantenido un distante vínculo con la Ciudad de Buenos Aires. Con una infancia y adolescencia en Banfield y trabajos como docente en el interior de la Provincia, el nómade literato pudo sin embargo dejar su huella en un pintoresco rincón porteño. Desde 1934 y hasta 1951, aunque con largos intervalos de ausencia, una de las máximas referencias de la cultura argentina residió en el barrio de Agronomía.

Lo hizo junto a su madre María Herminia Descotte y a su hermana Memé en el tercer piso de un viejo edificio situado en Artigas 3246. Frente a una plazoleta y otras casas en una zona residencial, declarada por la Legislatura Área de Protección Histórica. La vista desde ese punto de Agronomía inspiró a varias de las obras de Cortázar.

La vivienda esta situada dentro del “Barrio Guillermo Rawson”, uno de los sub barrios porteños ubicados dentro de Agronomía (aunque por su cercanía con Villa del Parque suele ser mencionado como parte de ella). Esta zona residencial, que toma el nombre del médico higienista argentino, fue construida por la “Comisión Nacional de Casas baratas” a comienzos de la década de 1930. Cuenta con 104 casas individuales y 72 departamentos distribuidos en 9 edificios de planta baja y tres pisos.

El “Barrio Rawson” tiene forma de triángulo, y está delimitado por la Avenida San Martín y las calles Tinogasta y Zamudio. En los laterales de su vértice, se encuentra el predio de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires. Sus calles se caracterizan por su poco tránsito, sus curvas y las sombras que proyectan los frondosos árboles.

Cortázar se mudó a esta parte de Agronomía cuando tenía 20 años. Para ese entonces, ya se había recibido de maestro normal e iniciaba sus estudios en la Facultad de Filosofía y Letras, que pronto debió interrumpir para ayudar económicamente en su casa. Esa misión lo obligó a aceptar empleos en escuelas del interior del país.

El “maestro Cortázar” dictó clases en Bolívar y Saladillo primero y luego en Chivilcoy. Durante ese tiempo, se trasladó en el período de vacaciones a su casa de la calle Artigas. Luego, los viajes se hicieron aún más frecuentes, y casi todos los fines de semana dormía en el “Barrio Rawson”.

Todavía no había desplegado su faceta como escritor. Sería el triunfo electoral de Juan Domingo Perón el que lo haría renunciar a su cátedra de literatura francesa en la Universidad de Cuyo y propiciaría que publicase, en 1946, su primer volumen de cuentos, “La Otra Orilla”.

La mirada de Cortázar de esas calles de Agronomía aparece como nunca en el cuento Ómnibus (1951). El escritor hace una descripción, dentro de la obra, del corto recorrido que realiza el personaje “Clara” a las dos de la tarde de una jornada “desierta y luminosa”. El autor menciona que la mujer camina por “Tinogasta y Zamudio” bajo las “islas de sombra que generan a cada paso los árboles de Agronomía”.

“En la esquina de Avenida San Martín y Nogoyá, mientras esperaba el ómnibus 168, Clara oyó una batalla de gorriones sobre su cabeza, y la torre florentina de San Juan María Vianney le pareció más roja contra el cielo sin nubes, alto hasta dar vértigo”, continúa el relato realizado por Cortázar, en el que se refiere al templo religioso situado en la avenida que limita Agronomía con Villa del Parque.

Otra de las referencias explícitas de la obra de Cortázar sobre la casa de la calle Artigas data de 1976, aunque es menos conocida. Con el homónimo tango como referencia, le dedicó el poema “Rechiflao en mi tristeza” a la biblioteca que tenía en esa casa y a la que, por lo que deja entrever la letra, recordaba con nostalgia. “Te evoco y veo que has sido, en mi pobre vida paria, una buena biblioteca. Te quedaste allá, en Villa del Parque, con Thomas Mann y Roberto Arlt y Dickson Carr”, dice el texto, que luego nombra a otros consagrados autores.

Más de seis décadas después, una placa del Gobierno de la Ciudad recuerda el paso de Cortázar. Su figura está muy presente en esta pequeña área residencial: hay rayuelas dibujadas en el piso y una de las calles principales del lugar tomó el nombre del escritor. Además, el “tour cortazariano” que recorre distintas huellas suyas en la Ciudad atrae la presencia semanal de decenas de turistas.

Sin embargo, tal vez el mayor homenaje que pueda brindársele sea el hecho de que esta zona de Agronomía no haya variado en casi nada su aspecto al que dejara el escritor hace casi 70 años. En sus veredas, la inusual cantidad de gatos y las hojas acumuladas en el suelo hacen suponer que si estuviera vivo, Julio Cortázar no estaría más cómodo en ningún otro punto de Buenos Aires.

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