El escándalo por el aumento patrimonial del ex vocero provocó un tembladeral político que el gobierno nacional resistió hasta donde pudo. Su puesto será ocupado por alguien habituado a la rosca política, alejado de la “batalla cultural” que pretendía dar Milei. Con un rival menos en cancha, Jorge Macri busca sacar tajada e ir por la reelección.
Por Fernando Casasco
Triste, solitario y final. La despedida de Manuel Adorni del gobierno nacional, tras ser una de sus figuras más representativas durante dos largos años, no fue uno de esos dolores dulces. Más bien se trató de una salida por la puerta de atrás, por la que se van los personajes que la historia no recordará en sus páginas más importantes.
El presidente Javier Milei finalmente reconoció que la permanencia del ex vocero en su cargo de Jefe de Gabinete provocaba más daños que beneficios. La obstinación en la defensa por parte del Jefe de Estado fue aún más palpable tras el intento de justificación que el ex funcionario esgrimió a partir de un supuesto cobro de ingresos por ahorros en criptomonedas, algo que nadie creyó.
Con las noticias sobre compras insólitas del ministro coordinador llegando a diario desde Tribunales, el Congreso puso en marcha los mecanismos para destituir a Adorni. El último clavo en el ataúd pareció ponerlo Mauricio Macri al anunciar que el PRO iba a votar a favor de su interpelación, paso previo al voto de censura previsto en la Constitución. Ya no hubo vuelta atrás y el mandatario finalmente le soltó la mano. Ahora su futuro queda en manos del Poder Judicial, la política ya dio vuelta la página.
Y el cambio de página fue más notorio que nunca. De un jefe de gabinete casi ignoto hace dos años, sólo reconocible para los usuarios de redes sociales y de algunos programas radiales o televisivos, el Presidente se inclinó por un miembro notable de lo que él mismo denominó “la casta política”: el elegido es Diego Santilli, quien ocupaba el Ministerio del Interior y que desde hace al menos 30 años está vinculado con la función pública.
Un Javier Milei cada vez más alejado de la gestión política del gobierno y del día a día de la administración, delegó todo en su alter ego, su hermana Karina. La poderosa secretaria general de la Presidencia, en combinación con los primos Martín y Lule Menem, han venido construyendo una relación sólida con el “Colorado”, al punto de confiarle la cabeza de la lista de diputados en las elecciones bonaerenses del año pasado (tras el traspié de José Luis Espert, el elegido del Presidente) y ven con buenos ojos su ambición por buscar la gobernación provincial en 2027.
Pero para que eso llegue hay un paso previo al cual Santilli se debió abocar desde el primer día de su gestión. Su misión casi exclusiva es trabajar en la reelección de Javier Milei. Para esta tarea, el ex diputado deberá valerse fundamentalmente de su buena llegada con gobernadores y legisladores. En el Congreso buscará que se apruebe la reforma electoral que pretenden los hermanos Milei, fundamentalmente basada en la eliminación de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
Claro que para Santilli no será fácil la tarea debido no solo a la oposición del peronismo. Los propios aliados del gobierno, como el radicalismo y el PRO, se encuentran divididos al respecto: el partido amarillo es el que más se ha valido de la herramienta de las PASO y el que mejor las ha utilizado a la hora de definir candidaturas. El paso intermedio de negociación puede volver a ser el de la suspensión de las primarias “por única vez”, como ya ocurrió el año pasado; o, de lo contrario, hacerlas optativas y que cada partido las financie con sus propios fondos.
Todo lo que está por dirimirse pasará por la negociación que el jefe de gabinete y su equipo encaren con los gobernadores. Cada jefe provincial tiene el lápiz para definir el calendario electoral en su provincia y las posibles alianzas.
En otra vuelta carnero en el aire de sus proclamas contra la vieja política, el gobierno evalúa ofrecerles que en la Boleta Única Papel puedan incluir a sus candidatos a diputados y/o senadores como “colectoras” de la lista que lleve La Libertad Avanza.
La propuesta significa una marcha atrás de la estrategia originalmente diseñada por Karina Milei que se proponía “pintar de violeta” el mapa de la Argentina. La guerra interna entre la hermana del Presidente y Santiago Caputo se deja de lado de momento en pos del objetivo mayor, la reelección presidencial.
En ese esquema de acuerdo con los líderes distritales más cercanos, una de las grandes dudas pasa hoy por lo que pueda ocurrir con la Ciudad de Buenos Aires. Allí no sólo se juega la exposición pública que la Capital brinda, sino la clave de cómo continuará la relación entre mileístas y macristas. Y en el medio hay dos viejos conocidos.
Corría el año 2021, la oposición al gobierno de Alberto Fernández estaba al acecho y buscaba dar el golpe en la provincia de Buenos Aires. El jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta veía en los comicios de medio término el puntapié inicial para su carrera hacia el sillón de Rivadavia. Pero para lograrlo debía ungir a un aliado en el distrito más grande del país: su vice Diego Santilli. La candidatura a diputado del “Colorado” no contaba con el aval de quién se veía con más chances para disputar ese puesto y desde allí lanzarse hacia la gobernación bonaerense, el por entonces intendente de Vicente López y titular del PRO provincial, Jorge Macri.
La tensión entre ambos bandos creció y el primo de Mauricio Macri llegó a plantear la posibilidad de una interna. “Si desde la Ciudad nos quieren imponer una candidatura antes de tiempo, nosotros vamos a plantar bandera y competiremos en una PASO”, aseguraba por entonces Jorge Macri.
La táctica de Rodríguez Larreta entonces fue la de seducir al alcalde del conurbano norte e integrarlo a su gabinete, con la posibilidad de ir por su sucesión en la Ciudad dos años después. El resto es historia: Santilli triunfó en aquellos comicios, pero en 2023 se quedó afuera de la disputa por la gobernación, en medio de la debacle larretista.
Mientras tanto, Jorge Macri terminó arribando a la Jefatura de Gobierno, un sitio que ahora quiere retener. Pero para ello necesita justamente de la negociación con su viejo rival interno, transformado ahora en jefe de gabinete y abanderado de las ideas del gobierno de Javier Milei.
De aquellos polvos, estos lodos. Hoy ambos protagonistas son parte de una negociación a varias bandas en la que están en juego muchas variables. Por un lado, Jorge Macri se entusiasmó con la reelección y ya anunció su decisión de ir por ella, tras la caída en desgracia de Adorni, el otrora candidato favorito de la Rosada.
Es por ello que el jefe de gobierno acercó posiciones con el gobierno nacional y endureció hasta límites insospechados su discurso y su accionar. Ya no se trata solo de perseguir a manifestantes en la vía pública, vendedores ambulantes, personas en situación de calle u ocupantes ilegales, ni de cerrar las “fronteras” internas con la provincia de Buenos Aires; en un exceso de mano dura, la Policía de la Ciudad incluso reprimió con balas de goma y camiones hidrantes a quienes festejaban hasta tarde en el Obelisco los triunfos de la Selección Argentina en el Mundial de fútbol.
Pero desde el gobierno nacional siguen mirando con desconfianza al alcalde y quisieran que el candidato fuera otro. Incluso se habló de una fórmula conjunta, con un candidato del PRO encabezando la lista, acompañado de un o una vice de La Libertad Avanza.
A Mauricio Macri, cada vez más alejado de su primo, no le disgusta la idea, siempre y cuando el PRO retenga el bastión principal. Pero el fantasma de una posible candidatura de Patricia Bullrich repele tanto a Karina Milei como al ex presidente. El problema pasa por la escasez de nombres alternativos con los que combatir al actual jefe de gobierno. ¿Y si esa figura fuera el propio Santilli, siempre tan ubicuo?
Jorge Macri no lo cree posible y hace sus propios planes: acepta la idea de una vice de LLA y ofrece sumisión en lo nacional, mientras se fortalece en lo local. Tal vez el gesto en el Tedeum del 9 de Julio del Presidente con el jefe de gobierno, su esposa y su pequeño hijo, sumado al nuevo perfil acuerdista de la Casa Rosada, sean la antesala de una nueva relación.
