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La Huerta Vecinal de Villa Pueyrredón retoma sus actividades comunitarias

Huerta vecinal de Villa Pueyrredón
MASAJE TAILANDES
Recomenzaron las actividades comunitarias en la Huerta Vecinal de Villa Pueyrredón. Luego de un periodo de restricciones por la situación epidemiológica, anunciaron que se desarrollaran los miércoles, sábados y domingos a partir de las 15 horas.

Por Ignacio Di Toma Mues

La Huerta Vecinal de Villa Pueyrredón retomó, los días miércoles, sábados y domingos a partir de las 15 horas, las actividades comunitarias. Estaban suspendidas por las restricciones debido a la situación epidemiológica. El sábado 12 de junio se realizaron tareas de limpieza en aledaños a las vías y la puesta al día de cultivos y composteras.

La huerta, nacida hace casi tres años por iniciativa de la Unidad Básica “Rodolfo Walsh” (La Cámpora, Villa Pueyrredón), tiene como objetivo la promoción de la soberanía alimentaria y la educación ambiental. Ubicada en Argerich y Curupayti, es parte de un corredor verde paralelo a las vías ferroviarias que llega hasta cercanías de la estación Migueletes.

Hierta vecinal de Villa Pueyrredón

Como parte de ir mejorando el espacio público, también se inauguró el 29 de noviembre de 2020 el paseo de Plantas Nativas “Yolanda Ortiz”. “El objetivo de este paseo es generar espacios que nos permitan reconectar con algunas de las especies nativas de Buenos Aires y favorecer a la biodiversidad asociada a nuestra flora” expresaron desde la Huerta Vecinal ese día inaugural.

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En casi todas las casas del barrio había un “terrenito” para la huerta y a veces un gallinero, y también jardines en sus frentes con árboles frutales y flores, en los que supimos incursionar en nuestra niñez para “robarnos” higos, naranjas o mandarinas, y más de una vez una flor para obsequiar a nuestros amores.

Elías Trincado, nacido en Villa Pueyrredón en 1920 y fallecido en 2012, recordaba en charlas con este cronista, en su casa “chorizo” del pasaje Zeballos, que en la zona había quintas de frutas y estaba poblada de ombúes; y que en los jardines siempre había una planta de limón o de mandarina, jazmines y madreselvas en los arcos de alambre. “Cuando uno se levantaba por la mañana podía sentir perfumes riquísimos”, rememoraba Don Elías.